Después de la tormenta, que puede haber sido creada por Satanás, ellos llegan a esta región al este del mar, región de Gerasenos. Inmediatamente les sale un hombre poseído por el demonio.
Esta persona lloraba y se cortaba con piedras del desespero. La comunidad ya estaba acostumbrada a él; vivía en el cementerio. Los demonios reconocen a Jesús; Él libera a ese hombre y manda a los demonios, 2000, pues eran llamados Legión. Los manda a meterse en unos cerdos; estos salen corriendo en estampida, se tiran al mar y se ahogan. La comunidad se llena de espanto y pide a Jesús que se vaya de su ciudad.
Ese demonio estaba pidiendo quedar en esa ciudad; estaba confortable, acomodado. La ciudad también negó la presencia de un Jesús. Así pasa hoy día: tenemos muchas comunidades acomodadas con el demonio, y por más que ven la solución en Jesús, no la aceptan. ¡Cuántos adolescentes están cortándose y luchando con sus propios demonios y no quieren aceptar a Jesús como solución espiritual!
El demonio le dice: “Jesús, Hijo del Altísimo Dios”, y le pide en nombre de Dios que no lo atormente y no se entrometa…
Los demonios dicen que Jesús es el Hijo de Dios, y aún no se salvarán; tienen los días contados.
Esto es gentiles con judíos criando cerdos, lo cual estaba prohibido, pues los cerdos eran animales impuros… ¿qué tipo de personas vivían en esta comunidad?
Luego ese hombre se fue a Decápolis a hablar de lo que había sucedido.
Una niña de 12 años muerta y una señora enferma desde hace 12 años buscan cómo sanarse. La niña ya estaba en su funeral, y Jesús entra, saca a todo el mundo, queda con sus padres y tres de los discípulos, y la levanta diciendo: “Talita cum” —Niña, a ti te digo, ¡levántate!— y se levantó. Jesús pidió que le dieran de comer.
La señora enferma piensa que solo con tocar su ropa se va a sanar, [pero todo el mundo estrujaba a Jesús]… ella lo toca y se sana inmediatamente. Jesús se da cuenta y le dice: “Fue tu fe la que te salvó”.