Jesús va a la fiesta del Tabernáculo
En Levítico 23 Dios, a través de Moisés, define las fiestas en honor a Dios: fiesta de la Pascua, fiesta de las Primicias, fiesta de las Semanas, fiesta de las Trompetas, fiesta del Día del Perdón y fiesta del Tabernáculo.
Esta fiesta se celebró hasta el año 70 después de Cristo y se hacía en recuerdo de los israelitas que moraron en el desierto del Sinaí por 40 años. Se celebraba el mes de julio, día 15, durante 7 días, donde se realizaba una peregrinación colectiva hacia el templo de Jerusalén después de terminar la cosecha.
Estas fiestas aún las celebran hoy en día, sobre todo los judíos, y es parecido a algunas celebraciones nuestras. La Semana Santa, Navidad… muchas veces son más tradicionales, culturales y de fiesta que realmente para alabar a Dios.
Bueno, sigamos.
Han pasado 6 meses, pues en el capítulo 6 se hablaba de la fiesta de la Pascua y ahora del Tabernáculo.
Sabemos también que en esas fiestas Jesús habló a miles y miles, 5 mil y luego 4 mil, pero durante esos 6 meses se los dedicaba a sus discípulos cercanos, preparando cómo iba a expandir su iglesia.
Pues a los que les hablaba y hacía milagros se incomodaban cuando los cuestionaba y los llamaba a comprometerse; perdía a muchos. Entonces les daba mucho tiempo a sus discípulos. Cuando vemos los otros Evangelios, se habla de lo que hacía en esos 6 meses.
Aquí aparecen los hermanos de Jesús.
Mateo 13:53-55
Jacobo (Santiago, James), José, Simón, Judas.
María no murió virgen; fue virgen cuando tuvo a Jesús, pero luego fue una mujer normal que tuvo hijos, o sea no siguió siendo virgen.
Las hermanas de Jesús no se nombran ni se mencionan sus nombres. Santiago y Judas escribieron libros en la Biblia.
Los hermanos no creían todavía. Ellos crecieron junto a Jesús, pero Él solo empezó su ministerio a los 33 años. Entonces, de alguna manera, no tenían esa credibilidad. Es normal, como mucha gente.
Él les dice que no puede ir a Jerusalén a la fiesta porque todavía no es su tiempo. Él está siguiendo el plan de Dios y por eso no se adelanta.
Dice a sus hermanos que ellos sí pueden ir, pues la gente no los aborrece a ellos, pero a Él sí lo odian, pues Él es la luz y ante la luz los pecados salen a la luz y Él los confronta… por eso lo aborrecen.
La circuncisión viene del pacto entre Dios y Abraham, donde Dios le dice que le va a dar descendencia en todas las generaciones y que Él será el Dios de todas esas generaciones. Como pacto, era circuncidar a los niños después de 8 días de nacidos. Génesis 17:10-14. Históricamente se encuentran datos de que los egipcios circuncidaban por razones de higiene, pureza y desarrollo espiritual. También hay rastros de circuncisión en los mayas y los incas, pero sin muchos detalles.
Jesús enseña en la fiesta.
Los judíos estaban asombrados porque enseñaba sin haber estudiado formalmente. Los que enseñaban estudiaban toda su vida al lado de un rabino por mucho tiempo, pero Jesús nunca hizo eso ni lo vieron hacerlo.
Como lo que Jesús enseñaba no tenía nada que pudiera ser criticado, los judíos cuestionaban sus credenciales, sus estudios, para que la gente lo pusiera en duda. De igual forma, Él dice en los capítulos 5 y 6 que el que lo rechaza a Él y lo que dice, rechaza a Dios.
Jesús les dice que lo que Él habla viene de Dios, y el que crea se dará cuenta de que realmente viene de Dios. Lo que estamos leyendo aquí no viene de nadie más que de Dios.
Jesús les dice que Él no es un pecador como ellos.
Muchas personas buscan vanagloriarse frente a los demás, intentar ser aceptadas por la sociedad. La sociedad nos fuerza a esto; siempre buscan tus credenciales de vida: dónde estudiaste, dónde vives, cuál es tu apellido, etc. Pero pocos se preocupan si la persona tiene una vida cercana a Dios, como si eso no fuera importante.
En el verso 18 Jesús dice que Él no es pecador. Y les dice a ellos que no son seguidores de la ley de Moisés sino quebrantadores de la Ley. La ley fue impuesta por Dios a través de Moisés para darnos cuenta de que somos pecadores y humildemente pedir perdón. Nadie puede cumplir la ley; es solo para hacernos conscientes del pecado.
La circuncisión estaba en la ley de Moisés: todo niño que naciera debía ser circuncidado en el octavo día. Levítico… Y si ese día caía en sábado, que era el día de descanso, ellos igual hacían la circuncisión. Jesús les decía: ustedes hacen algo doloroso a un bebé y eso está bien, pero cuando Jesús sana a un paralítico eso está mal. O sea, ellos seguían la ley pero no tenían un corazón con Dios.
Dios les dice a ellos que no deben juzgar a las personas por su apariencia.
Este símbolo tiene una venda en los ojos por esa razón: no se puede juzgar por apariencias.
En este capítulo, alguien se acerca a Jesús buscando claridad, no para atraparlo como los fariseos anteriores. Era una pregunta con buena intención, sincera.
Jesús responde que lo más importante es amar a Dios por encima de todas nuestras cosas: nuestros hijos, trabajo, hobbies, dinero, y todo lo demás.
Jesús sí era el Cristo. Él decide cuándo actuar y tiene el poder de morir de acuerdo al plan de Dios, ni antes ni después. Nada podemos hacer para apresurar lo que Dios permite; Él tiene el control de nuestras vidas.
Muchas personas creían en Él por sus milagros, pues decían que ningún otro podía hacer milagros como los que hacía Jesús. Creían por los milagros, pero no por fe en su mensaje.
En el verso 33 se ve claramente: a los fariseos les dice que Él estará un tiempo entre ellos, pero luego se irá y no podrán encontrarlo. Esto se refiere a que, tras la muerte, aquellos que lo rechazan no tendrán acceso al cielo; nadie que no tenga relación íntima con Él será reconocido en la eternidad.
Durante la Fiesta de los Tabernáculos (o Ramadas), el último día se centraba en el agua. El sacerdote del templo llevaba agua desde la piscina de Sión al templo, derramándola como cascada frente a la gente. Esto recordaba cómo Moisés golpeó la roca en el desierto y el agua brotó para el pueblo.
En este contexto, Jesús hace su invitación: Él es el agua de vida. Todas las personas tienen sed: buscan saciarla con cosas materiales, nivel de vida, casas, dinero… pero Jesús nos invita a beber de Él. Su agua calma nuestra sed espiritual.
No se refiere a sed de agua física, sino sed espiritual: preguntas de quiénes somos, a dónde vamos, y cuál es nuestro propósito. Igual que habló con la mujer samaritana en el pozo, nos ofrece satisfacción espiritual que ninguna cosa terrenal puede dar.
Juan comenta que Jesús aún no estaba glorificado, interpretándose como que el Espíritu Santo aún no estaba en las personas.
El que cree en Jesús y lo sigue recibe este regalo. Quien bebe de Él ve brotar ríos de agua viva, es decir: amor, bondad, paz, autocontrol, paciencia y otras virtudes. Eso es lo que se manifiesta en la vida de un verdadero cristiano.
Después de esto, algunas personas decían que Jesús era profeta, otras que era el Mesías, y otras que no era nadie. Muchos rechazaron al Mesías, incluso sin saber que había nacido en Belén, solo por prejuicios o ignorancia.
Los fariseos no podían arrestarlo; su poder no podía superar la autoridad de sus palabras. Hoy día, muchas personas persiguen el cristianismo, como algunos militantes del Islam. La respuesta correcta no es odio, sino orar por la transformación de los corazones, como muchas misiones hacen.
Muchos simplemente no quieren escuchar las Escrituras, solo buscan argumentar contra ellas. Sin embargo, la Biblia ha sido preservada desde los tiempos de Moisés; descubrimientos como los manuscritos del Mar Muerto lo confirman.
Nicodemo tuvo una pequeña intervención: sabía que Jesús era el Mesías, pero no lo declaró públicamente por miedo.
Nicodemo y José de Arimatea, miembros del Sanedrín, fueron los únicos que creyeron y ayudaron a bajar a Jesús de la cruz para enterrarlo. José era dueño del cementerio, y ambos pidieron permiso al Sanedrín para el entierro, mostrando fe y respeto incluso en secreto.
En resumen, este capítulo nos recuerda que la verdadera fe no se basa en apariencias ni milagros visibles, sino en la relación personal con Dios, en beber del agua de vida que Jesús ofrece y en obedecer su palabra con corazón sincero.