Jesús habla con parábolas, ¿por qué? Para que los que no están realmente interesados en Él no lo entiendan. Y así no se salven.
Cuatro tipos de personas se mencionan en la primera parábola:
Aquellos que tienen acceso a la palabra de Dios, pero Satanás está al lado de ellos, no dejando que la palabra les llegue.
Aquellos a quienes les llega la palabra se entusiasman, pero pierden el interés; no aplican la palabra, les entra por un oído y sale por el otro.
Aquellos a quienes les llega la palabra, pero las cosas terrenales les quitan el interés: el mundo, sus atracciones, el dinero, líderes, política, inmoralidad, etc., los alejan de Dios.
Solo un 25% son plantados con la palabra de Dios y se reproducen.
Una lámpara ilumina las vidas de las personas. Aquellos que quieren ocultar sus vidas en oscuridad esconden esa lámpara; la ponen abajo de la cama. Entre más alto la ponen, y no hay nada que esconder, la lámpara se coloca más arriba y más ilumina a los demás.
Otra parábola es la de la pequeña semilla de un grano de mostaza que, cuando crece, llega a dar sombra y habita para que los pájaros vivan en él. El grano de mostaza es Jesús, que vino; en corto tiempo, tres años de ministerio, sembró Él mismo en su propio campo, llegó a todos los lugares del mundo y está en los cielos. ¡Es grandísimo!
Una vez les dijo: “Cruzemos al otro lado del lago”. Una tormenta vino y casi destruyó la barca… aquí se habla de la falta de fe. Si Él dijo que cruzáramos al otro lado, ¿por qué no creemos que así iba a ser? ¡Cuántas tormentas tenemos en nuestros días, y aún no creemos que vamos a llegar!
En tiempos de peligro hay que tener fe; eso es lo que calma las tempestades y el peligro, aunque Él parezca que está dormido.
La iglesia es como la barca: sufre tempestades y parece que Jesús duerme en nosotros. Tenemos que despertarlo para que venga y nos salve; si no, naufragamos… se despierta con fe.
Jesús preguntó a ellos: “¿Por qué tienen miedo?” Aquí lo que busca Jesús es que las personas se respondan esta pregunta. Se habla de fe, pero en realidad este miedo es una constante de la debilidad de los principios espirituales.
El mar de Galilea es famoso por sus tormentas repentinas; se cree que es por los vientos que vienen del monte Hermón, en la cordillera del Antilíbano.
Gálatas: Los frutos del Espíritu Santo
Amor
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Paz
Paciencia
Amabilidad
Bondad
Fidelidad
Humildad
Dominio propio