Leamos del 1 al 17.
¿Es Noé un hombre bueno? ¿Fue suficiente su justicia para ser salvado en medio de una humanidad corrupta? Más adelante veremos lo que ocurre con su embriaguez. Noé era un hombre como nosotros: adoraba a Dios, pero seguía siendo pecador y capaz de cometer errores.
Miren cómo comienza el capítulo: Dios bendijo a Noé y a su familia. Dios muestra Su amor y bendice a personas que no son perfectas.
Dios les da el mismo mandamiento que le dio a Adán: los bendice y les dice que se multipliquen. Nuevamente establece el propósito de llenar la tierra.
También les dice que tendrán dominio sobre toda criatura de la tierra, igual que le dijo a Adán. El texto indica que los animales tendrían temor del ser humano. Ahora existe una relación distinta: los animales temen al hombre y son entregados en sus manos.
En el verso 3, Dios les da permiso de comer animales. En el jardín del Edén la alimentación era vegetal; ahora se permite comer carne. Sin embargo, así como en el Edén hubo una prohibición (no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal), aquí también hay una prohibición: no comer sangre.
Más adelante, en Levítico, se explica que la sangre representa la vida. Los sacrificios eran con sangre, y Jesucristo derramó Su sangre en la cruz. La sangre tiene un profundo significado espiritual: está asociada con la vida y con el sacrificio.
En Hechos de los Apóstoles se menciona la carta a los gentiles, donde se les pide abstenerse de idolatría, inmoralidad, de lo estrangulado y de sangre.
Dios da dominio sobre animales y plantas, pero establece un principio fundamental: la protección de la vida humana. El que derrame sangre humana, por el hombre su sangre será derramada. Aquí se establece la base de la autoridad y del gobierno humano. Dios delega responsabilidad y establece justicia.
Este principio es la base de los sistemas de justicia. La vida humana tiene un valor especial porque el hombre fue creado a imagen de Dios. Por eso el homicidio es tan serio.
En el verso 9, Dios hace un pacto con Noé y sus hijos.
Existen pactos condicionales e incondicionales. Este es un pacto incondicional: no depende del comportamiento humano. También incluye a los animales. En el Edén, el pacto era condicional; aquí Dios promete no volver a destruir la tierra con agua.
Esto nos enseña que los animales también son importantes para Dios. Si Él los hubiera querido eliminar definitivamente, habría podido hacerlo y crear otros nuevos. Sin embargo, los preservó. Eso nos muestra compasión y responsabilidad hacia la creación.
Dios establece el arcoíris como señal del pacto. Cada vez que aparezca, recordará —no porque se le olvide, sino como expresión de fidelidad— que no volverá a destruir la tierra con agua.
En el verso 15 se dice que Dios se acordará de Su pacto al ver el arcoíris. Es una manera de comunicar que, a pesar del pecado humano, Su promesa permanece firme.
En el verso 16 se habla de pacto eterno. Es un pacto que Dios mismo garantiza cumplir.
Leamos del 18 al 28.
Después de salir del arca y de ofrecer adoración, se mencionan nuevamente los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet. De ellos procede la humanidad.
Se menciona especialmente a Canaán, hijo de Cam. Más adelante veremos que este nombre tendrá relevancia histórica en la narrativa bíblica.
Todos los pueblos del mundo descienden de estos tres hijos: africanos, asiáticos, europeos, etc. La humanidad tiene un origen común.
Aunque Noé era un hombre justo, no era perfecto. Plantó una viña, hizo vino y se embriagó. El problema no fue plantar la viña ni producir vino; el problema fue la embriaguez.
En su estado de embriaguez quedó descubierto dentro de su tienda. Cam vio la desnudez de su padre y, en lugar de cubrirlo con respeto, fue a contarlo a sus hermanos. En contraste, Sem y Jafet caminaron hacia atrás y lo cubrieron sin mirar.
Aquí vemos un principio importante: honrar a los padres. Más adelante, el mandamiento dirá: “Honra a tu padre y a tu madre”. El chisme, la burla o la exposición pública de la vergüenza no honran.
En el verso 25, Noé pronuncia una maldición sobre Canaán. Este pasaje ha sido ampliamente debatido, pero dentro del relato muestra que las acciones tienen consecuencias que pueden afectar a generaciones posteriores.
Históricamente, los cananeos ocuparon la tierra que más adelante sería entregada a los descendientes de Sem. De Sem proviene la línea que lleva a Israel; de ahí surge el término “semita”.
Noé vivió 950 años en total: tenía 600 cuando vino el diluvio y vivió 350 años más después.
Su vida muestra tanto la gracia de Dios como la realidad de la imperfección humana