Veíamos que Lea ya le había dado cuatro hijos a Jacob: Rubén, Simeón, Leví y Judá.
Leamos del 1 al 24
Dios continúa formando la casa de Jacob. Le dará 12 hijos, que representan las tribus del pueblo de Dios.
Doce hijos varones y una hija. El número 12 está relacionado con el pueblo de Israel. Cuando aparece una hija en medio del relato, muchos ven un cuadro que apunta a redención dentro de la historia familiar.
Raquel dice que sin un hijo prefiere morir. Ella sabe que Jacob está formando una familia que tiene propósito en Dios, y quiere ser parte de esa edificación. Jacob se enoja, porque su amor por ella no depende de que le dé hijos, sino de que la ama. Cuando ella dice que prefiere morir, suena como desesperanza y presión hacia su esposo.
Raquel da su sierva a Jacob para que tenga un hijo por medio de ella, pues reconoce que Dios le había cerrado el vientre.
Esto puede parecer similar a lo que hizo Sara con Agar, pero hay una diferencia: a Sara Dios le había prometido directamente un hijo, y ella se adelantó por impaciencia. A Raquel no se le había dado una promesa personal todavía. Además, en ese contexto cultural, esto no era visto como infidelidad, sino como una práctica aceptada para formar descendencia dentro del pacto familiar.
En esa época era común que las siervas ayudaran a sus señoras a tener hijos cuando ellas no podían. Raquel desea ser parte de la construcción de la casa de Jacob.
El verso 4 dice que Raquel dio a su sierva por mujer a Jacob, indicando que esto se hacía dentro del marco legal y familiar de la época.
Tiene un hijo y lo llaman Dan, que significa “juicio”, pues Raquel entiende que Dios ha hecho justicia en su caso.
Luego nace otro hijo, Neftalí, que refleja la lucha de Raquel con su hermana.
Cuando Lea ve lo que hizo Raquel y cómo ella había dejado de tener hijos por un tiempo, también entrega su sierva Zilpa a Jacob.
Zilpa tiene un hijo llamado Gad, que significa “buena fortuna”.
Luego nace Aser, cuyo nombre expresa bienaventuranza.
Rubén trae a su madre unas mandrágoras, plantas que en la antigüedad se asociaban con fertilidad. No se sabe con certeza su efecto real hoy en día.
Raquel las desea intensamente, porque siente que aún no participa plenamente en la edificación de la casa de Jacob.
Lea accede a dárselas a cambio de pasar esa noche con Jacob, lo que muestra que aparentemente la relación conyugal no era constante en ese momento.
Jacob regresa del campo y Lea lo busca. De esa unión nace Isacar, el quinto hijo de Lea.
En el verso 18 podemos ver que Lea interpreta este nacimiento como recompensa de Dios por su participación en la formación de la familia.
Luego nace Zabulón, y Lea expresa que Dios la ha honrado.
Después nace una hija, Dina.
Más adelante, Dios se acuerda de Raquel, la escucha y le quita la esterilidad.
Ella da a luz a José, cuyo nombre significa “Dios añade”.
Leamos del 25 al 43
Cuando nace José, Jacob le dice a Labán que desea regresar a la tierra de sus padres, Canaán, la tierra prometida.
Jacob pide que lo despida, pero Labán le pide que se quede, porque reconoce que ha sido bendecido por causa de Jacob. Sabe que Dios lo ha prosperado por medio de él, pero no quiere perder esa bendición.
Labán le dice a Jacob que establezca su salario. Jacob responde que no quiere un salario fijo, sino que separará para sí las ovejas manchadas y dejará las blancas para Labán.
En el verso 35 vemos que Labán actúa con engaño: después de aceptar el trato, retira las ovejas manchadas y se las da a sus hijos, intentando perjudicar a Jacob.
Los versos siguientes contienen expresiones hebreas complejas, y algunas traducciones varían en su interpretación. A veces Dios permite que ciertos textos sean difíciles, invitándonos a estudiarlos más profundamente.
Jacob encuentra una estrategia para que el rebaño que le corresponde crezca y se multiplique, mientras el de Labán no prospera de la misma manera.
Dios bendice a Jacob y aumenta sus bienes: rebaños, camellos y siervos.