David se entera de que Saúl ha muerto; en realidad, Saúl se suicidó: se entregó al amalequita… ese amalequita se aprovechó para quedar bien con David, pero se equivocó.
¿Quién eres tú? Pregunta Saúl. Él es un amalequita, ¿quién somos nosotros? ¿Amalequitas?
Si ese amalequita entendiera que al que tiene que servir no es a David, ¡más a Dios! Él no hubiera hecho lo que hizo. ¿Cuántas veces hacemos cosas que no van con el plan de Dios y pensamos y creemos que está bien? A veces hacemos cosas equivocadas pensando que estamos evitando algo, y lo justificamos. Por ejemplo, Dios nos pone a alguien al lado para que nosotros hagamos o ayudemos el plan de Dios, y nosotros mentimos o sacamos disculpas o buscamos razones para evitarlo y creemos que está bien. Estamos como ese amalequita, pensando que hacemos bien y olvidándonos del plan real de Dios.
David lo mata pues ha matado al ungido rey de Israel.
Aquí David nos muestra que no importa si el plan de Dios era que Saúl muera, aun así hay que tener el respeto de la muerte de alguien y hacer el duelo… tomar la muerte de quien sea con respeto y tristeza por no haberse salvado. O por nosotros no haber influenciado a que se acerque a Dios.
Los amalecitas, Dios le pidió a Saúl ir a acabar a los amalecitas, y destruirles todo inclusive bebés, animales y todo (Ezequiel 33:11 dice que Dios no se complace de la muerte de los malos impíos, pero lo que le importa es que paren su tipo de vida que corrompe a los demás).
La Biblia prohíbe el homosexualismo, Levítico… si en realidad David está cometiendo pecado, es lógico que el escritor debería mencionarlo, debería decir algo. Jonatán era para David algo similar a lo que era Juan el Bautista a Jesús, pues lo declaró como Rey de Israel antes que la gente lo nombrara Rey.