Leamos del 1 al 18 todo.
Abraham sale de la tierra prometida donde Dios lo llevó… sin que Dios le haya dicho que se fuera. La última vez, en el capítulo 12, pasó algo similar y no le fue muy bien: había ido a Egipto por una hambruna. Aquí va de nuevo… no se sabe por qué.
Sale hacia el Néguev, camino a Egipto, pero se queda ahí entre Cades y Shur.
Abraham está cometiendo el mismo error, 20 años después, y aún repite el mismo pecado que le trajo problemas… ¿nos pasa?
Abimelec, el rey de Gerar, un rey pagano que no conoce a Dios, sin embargo, se le aparece en un sueño y le deja claro que sería un hombre muerto si no devuelve a Sara. Wow, qué impresionante.
Le dice que Abraham es un profeta… ¿alguien puede explicarlo? Es un mensajero de Dios. No es alguien que adivina el futuro; ojo, Dios le revela cosas del futuro y el profeta las escribe o las dice.
Abimelec le explica que él no sabía, y Dios le confirma que sabía que su corazón era íntegro. Dios no permitió que tocara a Sara, evitando que pecara contra Él. Sin saberlo, esto sería un pecado contra Dios. Como dice, “no saber la ley no te protege de las consecuencias”.
Abimelec se levanta muy temprano y reúne a todos sus siervos y les explica lo que pasó. Muy obediente Abimelec, aun sin conocer al Dios verdadero. Y hace llamar a Abraham.
Abimelec le dice en el verso 9 a Abraham que ha hecho algo errado. ¿Quién aquí es el que camina con Dios y quién es pagano? Él era un rey pagano diciéndole a Abraham, alguien que caminaba con Dios, que estaba errado. Pasa mucho: una persona atea corrigiendo a un cristiano.
Verso 10 le dice: “¿Qué has hallado para hacer esto?”
Abraham empieza a explicar con detalles y justificaciones, diciendo que lo hizo para que no lo mataran. En el verso 11 dice que Abraham pensaba que en este lugar no había temor a Dios y temía que lo mataran, pero en realidad no había mucho temor a Dios en Abraham. Sus opciones eran: entregar a su mujer a un harén o morir, pero también podría no haber ido hacia allá. ¿A qué fue? Dios no lo mandó para allá; estaba en la tierra prometida. Y sigue diciendo que, en realidad, Sara es su hermana… la realidad es que es su esposa. Tienen 99 y 90 años y llevan muchos años de casados.
En el verso 13 le echa la culpa a Dios… así como Adán.
Las cosas que hacemos, las hacemos por fe o por miedo. Aquí Abraham las hace por… miedo. Repite lo mismo que hizo en Egipto cuando entregó a Sara al faraón: fue por miedo. Y cuando hacemos las cosas por miedo, terminamos haciendo lo incorrecto. Al final, ni nosotros ni nadie logra solucionar nuestros errores; solo Dios se tiene que involucrar para resolverlos.
Increíble: Abraham, con miedo, hace un par de capítulos atrás se fue a pelear con sus 318 mercenarios contra 4 reyes para rescatar a su sobrino Lot, y ahora tiene miedo, ¡sabiendo que Dios lo protege!
Increíble cómo la Biblia nos muestra a nosotros mismos: Abraham, siendo el padre de la fe, una persona que camina con Dios, tiene nuestros mismos problemas de miedo. La Biblia está llena de héroes que son gente común y corriente, así como nosotros.
Versos 14 al 18: Abimelec le devuelve a Sara junto con animales y monedas de plata. ¡Muy generoso!
Se acuerdan en el capítulo 14: el rey de Sodoma le iba a regalar cosas a Abram y él las rechazó diciendo: “No quiero que digan que otros me han hecho rico”. Bueno, aquí, con esta metida de pata, recibe las ofrendas del rey Abimelec.
Muy sarcástico, Abimelec le dice a Sara que le ha entregado 1,000 monedas de plata a su “hermano”.
Abraham ora a Dios (tal como Dios le dijo a Abimelec en su sueño) y me imagino que Abraham se arrepiente y ora por Abimelec, dándole descendencia, pues por Sara todos eran estériles en la casa de Abimelec.