Leamos del 1 al 11
José es un tipo de Jesús, es decir, no es Jesús, pero su historia nos enseña sobre Él.
Jacob vivía en la tierra de su padre Isaac, en Canaán, la tierra prometida por Dios.
José estaba con los hijos de las siervas de las esposas de Jacob, lo que nos muestra que desde temprano tendría un rol servicial en la historia.
José era el preferido de Jacob, correcto en su comportamiento y reportaba a su padre las acciones incorrectas de sus hermanos. Esto refleja su discernimiento, su capacidad de distinguir lo correcto de lo incorrecto. Aunque era uno de los hijos menores, se convertiría en líder de sus hermanos.
Sus hermanos lo aborrecían por la preferencia de Jacob y porque les revelaba sus faltas. Esta actitud refleja cómo muchas veces Dios escoge a alguien para un propósito especial. Así como no podemos rechazar a Jesús por ser el escogido de Dios, sus hermanos no debieron odiar a José.
Los sueños de José eran revelaciones de Dios. Estos sueños enfurecieron aún más a sus hermanos, pues Dios le mostraba el futuro: José reinaría sobre ellos. De manera similar, Jesús reinaría sobre todos (judíos y gentiles), y muchos se resistieron a Él.
En un segundo sueño, se muestra que José reinará incluso sobre su padre y toda su familia. Cuando Jacob le pregunta por este sueño, José responde con sinceridad. Esta es una revelación del futuro y una prueba de la obediencia de José a Dios.
La reacción de los hermanos es de rebeldía contra Dios, una envidia que representa el rechazo del propósito divino. Jacob, aunque reprocha, reflexiona y sabe en su corazón que algo importante está sucediendo.
Es importante leer la Biblia con discernimiento. José no soñaba para causar división; los sueños eran revelaciones divinas que debían ser contadas y reconocidas.
Leamos del 12 al 23
Cuando Jacob envía a José a buscar a sus hermanos, José responde: “Heme aquí”, como Abraham lo hacía al ser llamado por Dios. Esto muestra su obediencia y disposición a la voluntad de Dios.
José iba a supervisar a sus hermanos, no solo como acusador, sino siguiendo la instrucción de su padre.
Al no encontrarlos, se le aparece un hombre (posiblemente un ángel, según estudios rabínicos) y le indica dónde estaban.
Al ver a José, sus hermanos conspiraron para matarlo, un acto totalmente injusto y contrario a la revelación de Dios.
Ruben, como primogénito, detiene la acción y asume la responsabilidad, tomando el rol correcto de liderazgo.
Le quitaron la túnica de colores que Jacob le había dado, símbolo de preferencia y de que había sido escogido. De manera paralela, a Jesús también le quitaron sus vestiduras antes de ser crucificado.
Lo arrojan a una cisterna sin agua. El agua representa la vida y la bendición de Dios, por lo que este acto simboliza el rechazo de las bendiciones divinas.
Leamos del 25 al 36
Después de esto, los hermanos comen pan mientras planean.
Un grupo de ismaelitas pasa trayendo especias y aromas, similares a los que se usaban en los entierros. Esto refleja un paralelismo con la muerte de Jesús, quien fue ungido con aromas antes de ser sepultado.
Los ismaelitas se dirigían a Egipto, que representa el mundo. Así como Jesús vino al mundo, José entraría a Egipto como tipo de salvador.
Judá propone no matarlo, sino venderlo a los ismaelitas, y los hermanos aceptan.
José es vendido tanto por judíos como por gentiles, al igual que Jesús fue entregado por fariseos y romanos. Fue vendido por monedas, mostrando un paralelismo impresionante con la traición de Jesús.
Ruben, al no encontrarlo en el pozo, se rasga sus vestiduras, asumiendo la responsabilidad del primogénito.
Los hermanos manchan la túnica de José con sangre de un animal sacrificado, simbolizando el sacrificio. Esto es un paralelo con la sangre de Jesús derramada en la cruz para la redención del pecado.
Llevan la túnica a Jacob, quien la reconoce y llora profundamente. Mientras que los judíos normalmente lloran 30 días, Jacob declara que llevará su luto hasta su propia tumba, mostrando el dolor profundo por la pérdida de su hijo.
Los hermanos de José sabían que la túnica era de él y que su padre lo reconocería, reflejando la importancia y la verdad del plan de Dios.