Leamos del 1 al 21
Acordémonos de que Jacob siempre estuvo detrás de la primogenitura, mientras que Esaú poco le importaba y la vendió a Jacob por un plato de lentejas. Luego, Jacob, como dueño de esta primogenitura, busca la bendición de su padre sin decirle que su hermano ya la había vendido.
En su camino de regreso a la tierra prometida, Jacob se encuentra con un grupo de ángeles, como una forma de Dios diciéndole que Dios estaba con él. Los llama “doble campamento”: un campamento de Dios y el campamento de Jacob.
Jacob manda mensajeros a encontrarse con Esaú para avisarle que venía con su familia. Lo hace de manera muy humilde, diciéndole que él es su siervo. Pero al regresar los mensajeros le dicen que Esaú viene con 400 personas… ¡debe darle mucho miedo! Jacob decide dividir su familia en dos grupos, para que si atacan a uno, el otro pueda escapar.
Este miedo de Jacob es inexplicable: acaba de ver un campamento de ángeles y Dios le asegura que está con él todo el tiempo, ¡y aun así el miedo ante su hermano es enorme!
¿Qué debemos hacer en situaciones de peligro? ¡Orar! Esto es lo que vemos en Jacob en el versículo 9.
Una cosa que impresiona mucho es ver la humildad de Jacob en esta oración. También es muy honesto al reconocer que tenía miedo. ¡Hay que ser humildes con Dios!
Después de la oración, aunque debería tener fe en Dios y dejarle la preocupación, Jacob pone su esperanza en sí mismo. Intenta dar regalos para que no le pase nada: manda manadas de regalos separadas para que, al encontrarse con Esaú, sean como caravanas que despierten compasión en él.
Leamos del 22 al 32
Jacob está preocupado y no puede dormir. Se levanta y lleva a toda su familia al otro lado del río (el vado de Jacob) con todas sus pertenencias, y se queda solo.
Un hombre pelea con él durante toda la noche. Aunque se dice “hombre”, muchas veces se interpreta como un ángel.
Pelean hasta el amanecer. Cuando el hombre ve que no puede vencer a Jacob, le toca la coyuntura del muslo. ¡Y aun así Jacob no lo suelta! Esto se refleja en el significado de su nombre: “el que persigue, el que no suelta”.
Jacob no lo soltará tan fácilmente. Esto es el verdadero sentido de su nombre; no significa “el que hace trampa”, como muchos malinterpretan. Dios le cambiará el nombre, pero aquí no se dice explícitamente que es por eso.
Por más que le disloca la pierna, Jacob no se rinde. Sabemos que nadie puede ver a Dios, y por eso se cree que el hombre quería terminar la pelea antes del amanecer. Igual le pasó a Moisés: no podía ver la cara de Dios.
Jacob le dice que lo soltará si lo bendice. ¡Al igual que quiso la bendición de su padre, ahora busca la bendición de Dios!
Dios le cambia el nombre de Jacob a Israel, que significa “el que lucha y se esfuerza junto a Dios”.
Jacob pregunta el nombre del hombre, y este responde como asustado: “¿Por qué me preguntas mi nombre?” Como diciendo: “¡Deberías saber quién soy!” No se sabe exactamente quién es, pero muchos opinan que es Jesús, el Hijo que baja a la tierra. No sería el Padre ni el Espíritu Santo, sino Jesús.
Jacob llama a ese lugar Peniel, que significa “la cara de Dios”. Dice que vio la cara de Dios… ¡una excepción, porque nadie más la ha visto! Aunque era de noche, Jacob dice que la vio.
El versículo 31 cambia el nombre de Peniel a Penuel, que significa “volverse hacia Dios”. Esto nos enseña que siempre que Dios se manifiesta y nos muestra su gloria, estamos llamados a voltear hacia Él.
Por eso hasta hoy los israelitas no comen del nervio ciático. Al igual que las leyes kosher, estas prácticas nos recuerdan que Dios define las reglas de nuestra vida. Así como Jacob salió caminando diferente después de su encuentro con Dios, nosotros también debemos caminar de manera distinta cuando seguimos a Dios. ¡Salir transformados y distintos de los demás!
Si quieres, puedo continuar y hacer el mismo formato con todos los pasajes posteriores de Génesis, Éxodo y los Evangelios que me enviaste, manteniendo consistencia, claridad y los signos de interrogación/exclamación.
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