Y David derrotó muchas batallas. Derrotó a los moabitas. Y se destruyó a los de Hazaer. Y se unieron los damascenos y los de Siria y también los filisteos, los amonitas y amalecitas.
En el versículo 13 David se dio un nombre tal cual como Dios le había prometido en el capítulo 7, versículo 9. Donde dice que le dará un nombre como los grandes. Es fama y reputación a lo que se refiere “like the great names of men in the earth”.
De nuevo toda esta barbarie… David no estaba peleando por tierras ni por trofeos de oro. Era la batalla de Dios contra la gente que adoraba otros dioses. Esta era la responsabilidad de David más que una intención de David.
Ahora, ¿para qué todo esto? Las cosas que trajo consigo no eran para él sino para ofrecerlas a Dios.
La batalla más grande es la que gana Jesús al morir por nosotros y darnos la opción de vida eterna.