Leamos del 1 al 18
Judá descendió a un lugar llamado Adullam, donde conoció a un cananeo llamado Hira. Este lugar está en Canaán y sus habitantes no eran descendientes de la promesa de Jacob. Allí Judá conoció a una cananea y se casó con ella, teniendo tres hijos: Er, Onán y Sela, quien nació en Quisib. El nombre Quisib significa “trampa”, lo que nos da un contexto simbólico para entender esta historia.
Judá dio a su hijo Er a Tamar como esposo, pero Er fue malvado ante los ojos de Dios y murió, mostrando el juicio de Dios.
En esa época, existía un mandamiento de la ley de Dios (Deuteronomio 25) que decía que si un esposo moría sin hijos, su hermano debía casarse con la viuda para dar descendencia y mantener la línea familiar. Esto era crucial, pues de la descendencia de Judá vendría el Mesías; sin hijos, la promesa divina y la salvación del mundo se verían comprometidas.
Judá le dio a su siguiente hijo, Onán, la tarea de cumplir la ley. Pero Onán, al darse cuenta de que los hijos no serían suyos, desobedeció, interrumpiendo el acto sexual y evitando dar descendencia. Por esto, Dios le quitó la vida.
Judá envió a Tamar a la casa de su padre para que permaneciera viuda hasta que su último hijo, Sela, creciera y pudiera casarse. Pero Judá no cumplió con enviar a Sela, temiendo que también muriera. Su decisión fue equivocada y tramposa, dejando a Tamar sin descendencia.
Tamar obedeció y se fue a la casa de su padre, esperando como viuda. Mientras tanto, Judá perdió a su esposa, cumplió el duelo requerido y luego se fue a Timnat a trasquilar sus ovejas.
Al ver que Sela ya había crecido y que Judá no tenía intención de enviárselo, Tamar se quitó el luto y se puso un velo sobre la cara. Judá la vio, no la reconoció y la confundió con una prostituta.
Judá la invitó a acostarse con él, un acto aparentemente incorrecto, pero es importante notar que la responsabilidad de dar descendencia era de Judá, y Tamar solo actuó dentro del contexto de esa desobediencia. Dios utiliza incluso los pecados humanos para cumplir su voluntad, y aquí permitió que Tamar asegurara la descendencia de Judá y, eventualmente, del Mesías.
Tamar aceptó, pero pidió un símbolo de garantía como pago. Inmediatamente quedó embarazada. Aunque a primera vista podría parecer desobediente, Tamar obedeció a Dios, asegurando que la línea del Mesías no se interrumpiera.
Leamos del 19 al 30
Después de su relación con Judá, Tamar volvió a vestirse como viuda, mostrando obediencia y fidelidad. Su acto asegura la descendencia prometida, mientras que Judá, en su desobediencia, no cumplió con la voluntad de Dios.
Judá envió un amigo para entregar un cabrito como pago, pero no encontró a Tamar.
Tres meses después, se enteró de que Tamar estaba embarazada. El número 3 señala una revelación divina: Tamar tendrá gemelos, un símbolo de doble bendición, mostrando la intervención de Dios.
Judá inicialmente quiso que la quemaran, pero Tamar mostró los símbolos que le había pedido, y Judá reconoció que ella era justa y que él estaba en pecado por no cumplir con la ley. Aunque la Ley de Moisés aún no se había dado formalmente, los patriarcas caminaban con Dios y conocían la justicia y los principios divinos.
Tamar dio a luz a gemelos. El primero salió con la mano adelante, y la partera puso una cuerda para marcar al primogénito, pero el segundo también nació antes de lo esperado.
En Ruth 4:18 encontramos la genealogía que conduce al Rey David y al Mesías. Aquí vemos un patrón de 14 generaciones, que los rabinos interpretan como doble 7, o doble bendición. Los gemelos de Tamar confirman que Dios estaba activamente guiando la historia para cumplir su plan.
Tamar no tuvo más hijos ni más esposos. A través de su obediencia, aseguró la descendencia de Judá y de Er, cumpliendo un papel clave en la línea que conduciría a Jesús.