Faraón comienza a perder sus cosas, como sus animales, sus sembrados, sus casas, sus pertenencias después de cada plaga. Pero él acomoda su corazón; se endurece o se fortalece. Y eso es lo que le pasa al hombre cuando está esclavizado por su pecado. El que tiene debilidad por el juego pierde su dinero, su casa, su familia, y él se fortalece a sí mismo diciendo: “Esta vez sí voy a ganar”.
Así nos pasa a muchos. Creemos que ya casi ganamos el control en vez de dejarnos ganar por Dios.