David no toma posición con la matanza de su hijo, está de duelo.
Joab debe estar diciéndole que lo traiga, pero no lo hace.
Manda a una mujer que lo insinúe a hacer algo,
pues Joab no tiene el poder de cambiar nada.
David termina aceptando traerlo, pero no le da una
buena bienvenida.
Absalón intenta hablar con Joab, pero también lo evita.
Finalmente, forza ser visto con David. Y este, al
no tener más que hacer, le da un beso.
Ese beso es frío y político, más que un beso de amor.
Nos damos cuenta que el único capaz de perdonarnos
Por nuestros pecados es Jesús; Él es quien realmente nos
Espera con las manos abiertas para darnos todo su amor
y darnos un beso de verdad.
David es el rey de Israel, pero no es el verdadero Rey de todos.