Los versos Juan 7 del 53 al capítulo Juan 8 verso 11 no fueron encontrados originalmente en los documentos griegos. Algunas Biblias tienen estos versos entre paréntesis o comillas, o con pie de letra que indica esto.
Hay grandes discusiones sobre esto, pues es la única parte de la Biblia que está cuestionada. Lo que es cierto es que todas las Biblias lo tienen con esta indicación. La razón es sencilla… al hacer las siguientes preguntas:
Lo que está escrito aquí contradice el resto del Nuevo Testamento? No
Estos versos corroboran lo que está escrito en otros libros? Sí
Lo que está escrito refleja a Jesús y su forma de pensar? Sí
Hay evidencia suficiente para que estos escritos sean removidos? No
Con eso, todas las Biblias existentes incluyen estos versos.
Al final, si creemos en el poder de Dios con todo lo que vemos alrededor nuestro y entendemos que hay un ser superior que influye en la tierra, concluimos que la Biblia fue escrita por Él a través de personas que Él escogió y la ha hecho mantener intacta por miles de años. Entonces, si Dios quiere que estos versos estén, ahí van a estar. Si Dios quiere que sean modificados, alguien los modificará. Pero no ha sido modificada, pues en Apocalipsis 22 dice claro que nadie la modificará.
Podríamos quedarnos hablando sobre los primeros seis libros escritos, que algunos tienen, e investigar su procedencia, pero esto no nos lleva a ningún lugar. Por el contrario, nos perdemos de un gran aprendizaje, pues es uno de los versos más complicados del Nuevo Testamento.
Al principio, Dios creó al hombre y la mujer y los unió en una sola carne, para que la humanidad no los separe. Fue fabricado para una única unión.
El séptimo mandamiento textualmente dice: “No cometerás adulterio”. Y esto significa no solamente cometer relaciones sexuales con otra persona que no sea tu cónyuge ante los ojos de Dios, sino también en pensamiento.
Para Dios no hay separación sino adulterio, y Jesús lo rechaza impresionantemente. Es uno de los pecados más complejos, pues lo haces en presencia del Espíritu Santo.
Bueno, sigamos…
Los escribas (destinados a escribir reglas e interpretar la ley de Moisés) y fariseos (los que la hacían cumplir) le traen a una mujer y le dicen que, según la ley de Moisés, deben apedrearla. Aquí entendemos que es una trampa, pues el pecado según la ley era cometido por dos personas. No traían al hombre, solo a la mujer.
La trampa aquí para Jesús era decir que la ley de Moisés no era correcta (definida por Dios, Levítico 20:10, ambos deberían morir) o estar en contra de los romanos, que prohibían apedrear a las personas sin un juicio en corte romana. Era claramente una trampa.
No se sabe lo que Jesús escribe en la tierra con el dedo, no fue escrito en la Biblia y por lo tanto no es de importancia… si lo fuera, hubiera quedado escrito. Jeremías 17:13: “Aquellos que se alejan de Dios serán escritos en el polvo…”
No sé cómo se imaginan esta escena… Para mí es una mujer con vergüenza, humillada en el suelo, ropa sucia y desordenada. Hoy día nos debe parecer muy fácil, pues no hay novela que hoy no tenga inmoralidad sexual en su guion. Lamentablemente, es casi normal hoy en día, cuando fue definido como una unión única por Dios.
De igual forma, no perdamos de vista que el pecado de inmoralidad sexual es gravísimo. Así, veamos a esta mujer indefensa.
Y aquí solamente estaba la mujer, como hoy día es la que más mal se ve ante la sociedad. Cuando el hombre es igual o peor cometiendo este pecado.
Entonces, Jesús, en mi parecer, majestuosamente sale con una respuesta increíble. Entre la espada y la pared, sale con esto:
No dijo que la ley de Moisés no era buena. Realmente dijo: “Ok, vamos al frente con la ley de Moisés. Pero aquellos que no tengan pecado, que tiren la primera piedra.” ¡Maravilloso! Deuteronomio 17 define que los testigos, tres o más, comiencen el apedreamiento.
De repente no hay nadie; se fueron primero los más ancianos y luego los jóvenes. De pronto los más ancianos tenían más pecados o eran más sabios. No se sabe. Pero se fueron.
Las únicas tres palabras que salen de esta mujer, cuyo nombre no sabemos ni nada más de ella, dicen: “Ni uno, Señor”, y Él no la condena. Jesús no vino a condenar. Vino a salvarnos. La condena es en su segunda venida. Aquí no la condena ni la perdona. Le dice: “Vete y no peques más.” No dice si la mujer volvió a pecar o no, pero me imagino que si lo hiciera, Él la perdona.
¿Cómo se refleja este hecho en la vida actual? ¿Alguien puede dar algún ejemplo? ¿A quién se castiga? ¿A quién se odia? ¿Qué pasó en Uganda este fin de semana?
¿Qué enseñanza nos deja este versículo a nosotros? Recuerden, la Biblia es un manual de vida dejado por Dios a sus hijos… ¿qué nos pide hacer?
Capítulo 8, versículos 12 al 20
Jesús, la luz del mundo
Aquí Jesús habla de su segundo “Yo Soy”: “Yo soy la luz del mundo”. En el capítulo 6, Jesús dice: “Yo soy el Pan…”
En ese día, último día de la fiesta, en el templo había cuatro torres como candelabros gigantes, donde personas subían y prendían estas llamas gigantescas que alumbraban no solamente el templo sino las casas alrededor.
Él se separa ahí, entre esos candelabros gigantes, y dice: “Yo soy la luz del mundo”.
Para entender este versículo, tenemos que trasladarnos al Génesis, donde se habla de la luz:
Génesis 1:2 – “La tierra no tenía forma y estaba vacía, y la oscuridad cubría las aguas profundas.” La tierra estaba en desorden, era caos.
Versículo 3: “Entonces Dios hizo la luz y vio que era bueno” para separarla de la oscuridad.
En el Antiguo Testamento se habla mucho que Dios es la luz y las tinieblas son lo malo.
Juan 1:4-5 – “La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad jamás podrá apagarla. La Palabra le dio vida a todo lo creado, y su vida trajo luz a todos.”
Fuente
Es claramente que los fariseos saben que Él se está haciendo llamar Dios al decir que es la Luz. Y le dicen que un testimonio así no es válido; en esa época, para que las cosas fueran válidas, debía ser corroborada por dos o más personas.
Jesús dice (versículo 14): “Yo sé de dónde vengo y a dónde voy.” No habla de que viene de Belén y va para Galilea. Él habla que viene de la eternidad y va para la eternidad.
Versículo 19: Los fariseos le preguntan: “¿Y dónde está tu padre?” Aquí puede ser sarcasmo, pues el rumor era que había nacido de un ángel y no de José, o simplemente lo escuchan de forma terrenal, no espiritual.
Hablaba en el lugar de las ofrendas o la tesorería, donde Judas Iscariote tiró las monedas antes de suicidarse.
Igualmente, aquí no lo arrestan. ¿Por qué? Porque aún no era su tiempo; el plan del Padre está por encima de cualquier otro plan.
Advertencia para los incrédulos
Jesús vuelve y dice que Él va al cielo y los pecadores que no creen en Él no irán al cielo. Jesús es eterno.
Todos aquellos que no creen en Jesús lamentablemente están muertos espiritualmente y eternamente.
Los fariseos piensan que a dónde se va a ir, o que se va a suicidar. El suicidio no está exactamente definido en la Biblia como algo que impida ir al cielo, pero quitarse la vida frente al plan de Dios es incorrecto, pues Dios es quien da la vida y quien decide cuándo termina. Quitarse la vida es actuar fuera del plan de Dios y tiene consecuencias eternas.
La Biblia menciona seis personas específicas que cometieron suicidio: Abimelec (Jueces 9:54), Saúl (1 Samuel 31:4), el escudero de Saúl (1 Samuel 31:4-6), Ahitofel (2 Samuel 17:23), Zimri (1 Reyes 16:18) y Judas (Mateo 27:5). Cinco de ellos fueron hombres crueles y pecadores. Algunos consideran a Sansón como suicidio (Jueces 16:26-31), pero su objetivo era matar a los filisteos, no a sí mismo. La Biblia considera que el suicidio es equivalente a asesinato; Dios decide cuándo y cómo muere una persona.
El suicidio sigue siendo un pecado grave. Siempre está mal. La fe de quien comete suicidio es cuestionable, especialmente si dice ser cristiano. No hay circunstancia que lo justifique. Los cristianos son llamados a vivir sus vidas para Dios.
Desde el momento en que una persona cree verdaderamente en Cristo, está eternamente segura (Juan 3:16).
Los fariseos aún no entienden que Él se va al cielo.
Finalmente preguntan: “¿Y quién eres?” aunque aún no comprendían quién era su Padre.
Jesús habla de su humildad, refiriéndose a sí mismo como el “Hijo del Hombre”, anuncia que va a morir en la cruz y será levantado, y ahí comprenderán quién es.
Versículo 28: “Yo no hago nada por mi cuenta; digo únicamente lo que el Padre me enseña.”
Versículo 29: “Siempre hago lo que a Él le agrada y Él no me abandona.”
Resumen “Yo soy la luz del mundo” y advertencia a los incrédulos
Jesús anuncia su segundo “Yo Soy”: Soy la luz del mundo, no solo la luz de los israelitas sino del mundo. El mundo está en oscuridad, nacemos en pecado y desorden espiritual. Él vino al mundo por amor a nosotros; al creer en Él, tendremos vida eterna, no solo en la tierra sino también en el cielo. Los fariseos, por más religiosos que eran, no creían en Él. Les molestaba que se hiciera pasar por Dios. Luego da una advertencia a los incrédulos: Él se irá al cielo, pero los incrédulos morirán en su pecado. Todos somos pecadores; Jesús nos da la oportunidad de salvarnos mediante el arrepentimiento diario de corazón.
Versículo 31 “Jesús y Abraham”
Abraham es el primero de los tres patriarcas del judaísmo, llamado el padre de la fe. Juega un papel importante en judaísmo, cristianismo e islam. Nació en Ur de los Caldeos, padre Taré, descendiente de Noé a través de Sem. Esposa Sara. Dios hace un pacto incondicional con Abraham: promete tierra, descendencia y, a través de él y sus descendientes, bendición para el mundo (Jesús bendice al mundo).
Abraham llega a los 99 años y Sara aún no tiene hijos. Ella duda, pero él no. Sara le pide que tenga un hijo con la sirvienta; nace Ismael, es desterrado, apoyado por Dios, de él nacen 12 hijos que forman tribus de Arabia. Finalmente, Sara tiene a Isaac. Dios recuerda el pacto y pide circuncisión al octavo día. Esta circuncisión representa cortar la carne y acercarse a Dios. De Isaac nacen Jacob, Efraín y José; de Jacob nacen 12 hijos, las 12 tribus de Israel.
Dios le pide a Abraham sacrificar a Isaac; antes de matarlo, un ángel lo detiene y proporciona un cordero.
“La verdad os hará libres”
Jesús le habla a un grupo que comienza a creer en Él. Les pide ser discípulos. Les dice que si creen en Él y en su verdad, serán libres, liberados del pecado. Ellos no entienden; piensan en libertad terrenal. Terrenalmente, sí fueron dominados por Egipto y Roma; espiritualmente, Jesús se refiere a la dominación del pecado.
Ser hijos legítimos de Abraham era garantía de salvación, pero Jesús dice que la descendencia no garantiza nada. Todos pecamos diariamente. No hay ser humano sin pecado. Jesús nos da la oportunidad de liberarnos de la esclavitud del pecado.
Pecados: mentiras, rencor, hablar mal de otros, inmoralidad sexual, codicia, idolatría, poner lo terrenal por encima de Dios, etc. Jesús nos libra de todos ellos mediante fe, arrepentimiento y obediencia.
Hijos de Dios o del Diablo?
Desde nacimiento, nacemos en pecado. El Diablo es un asesino, engañador, y sus ángeles lo ayudan a hacer el mal. Personas son buenas pero dañadas por el Diablo; Dios respeta el libre albedrío.
Versículo 47: “El que es de Dios escucha lo que Dios dice.” Dios nos confronta para arrepentirnos, perdonar, amar, adorar y luchar por ser como Jesús. Dos opciones: escuchar a Dios o aceptar ser hijos del Diablo.
Jesús se declara Dios
Versículo 51: “El que cumple mi palabra nunca morirá.” Los fariseos se enfurecen; Jesús dice: “Antes que Abraham Yo Soy.” Así declara su eternidad y divinidad. Igual que la higuera ardiente a Moisés (Éxodo 3:14).
El diablo
El Diablo es un ángel caído, asesino, que roba la eternidad al hombre. Tenta a las personas, provoca maldad y separación de Dios. Dios no puede intervenir debido al libre albedrío.
El plan de salvación
Justificación – Santificación – Glorificación
Justificación: Dios declara justo al pecador que cree en Jesús, no por obras sino por fe en su sacrificio.
Santificación: Transformación a la imagen de Cristo, crecimiento diario en obediencia y amor.
Glorificación: Transformación completa a semejanza de Cristo, libres de pecado y muerte, viviendo eternamente en su presencia.