Leamos del 1 al 9
En el capítulo anterior veíamos que Rebeca le dice a Isaac que no quiere que su hijo Jacob tenga una esposa de Canaán, es decir, pagana, como su hijo Esaú. Aquí vemos que Isaac bendice a su hijo Jacob y, al igual que su padre hizo con él, lo envía a buscar esposa a la tierra de sus familiares.
Lo primero que presenta este capítulo es la confirmación de la bendición de Isaac sobre Jacob, y además le repite las bendiciones que Abraham había recibido.
Verso 3: se menciona un nombre específico de Dios que aparece varias veces en la Biblia: El Shaddai, el Dios Todopoderoso.
Verso 5: miren el orden de los hijos en este verso. Aparece primero Jacob y luego Esaú. Humanamente debería ser al revés, pues Esaú nació primero. Pero aquí vemos una confirmación pública de que Jacob es quien ocupa el lugar de la primogenitura dentro del plan de Dios.
Esaú escucha que su padre Isaac no quería que sus hijos se casaran con mujeres de Canaán. ¿Y qué hace? Va y toma una tercera esposa, hija de su tío Ismael, quien estaba emparentado con Egipto. Pareciera que intenta reconciliarse con su padre por haberse casado con cananeas, pero aun así Ismael no era parte de la línea de la promesa.
Leamos del 10 al 22
El famoso sueño de Jacob. Muchos pintores han intentado representar este sueño.
El hombre ha intentado llegar a Dios a través de la construcción de torres como Babel, las pirámides, etc., pero es Dios quien desciende al hombre.
Jesús fue quien descendió a la tierra (Juan 1:43–45).
Y luego ascendió de regreso. ¿Nos dejó solos? No. Dejó al Espíritu Santo (Hechos 10:44).
Luego el Rey de reyes volverá a descender en Su segunda venida (Apocalipsis 21:2).
Dios también le muestra a Juan cómo es el cielo; lo lleva en visión y le revela lo que describe en Apocalipsis 4.
En este sueño, Dios le repite a Jacob la promesa hecha a Abraham: tierra, descendencia y bendición para todas las naciones a través de él y de sus descendientes.
Versículo 13b, leámoslo: le dice que esa tierra se la dará a él y a su descendencia, y además le da una expansión: se extenderá hacia el norte, sur, oriente y occidente.
El tema de la tierra es clave en el propósito de Dios. El pueblo de Israel fue exiliado a Babilonia y Asiria, y Dios los trajo de regreso para que allí naciera Jesús. Más adelante, después de la muerte de Jesús, Israel fue nuevamente dispersado. En la promesa vemos que para el cumplimiento final, hay un regreso. Verso 15: “Y te haré volver a esta tierra”.
Jacob, con esta revelación, entiende cómo esa tierra está relacionada con el propósito de Dios.
Llama al lugar Betel, “casa de Dios”.
Jacob levanta un memorial con la piedra, derrama aceite sobre ella y promete dar el diezmo.