Leamos del 1 al 7
Miren cómo comienza, repitiendo que Dios lo hizo tal como lo había dicho o prometido. La repetición es importante en la Biblia. Cuando Dios promete, Él cumple. ¿Creemos en todo lo que Dios habla en este libro?
Pasaron 25 años para que esta promesa del Señor se hiciera realidad.
Isaac es la prueba viviente de que las promesas de Dios se cumplen. Es una razón para todos nosotros tener fe en Dios.
Abraham le pone el nombre de Isaac, por la risa de duda de Abraham y de Sara. Significa “él se reirá”.
Abraham tenía 100 años cuando tuvo a Isaac. Diez es completo. La promesa ha sido completada.
Aquí hay un principio: al repetirse el tema de la edad de Abraham y de Sara, nos muestra que las promesas de Dios esperan que tengamos madurez; así como Abraham esperó hasta los 100 años, a veces Dios espera que tengamos madurez espiritual para recibir promesas similares.
Obedientemente, Abraham circuncidó a este niño a los 8 días después de nacer. Ocho significa restauración, redención.
Solo cuando cortamos la carne, solo cuando la carne muere, experimentamos restauración y redención.
Sara se ríe, pero ahora de felicidad, ya que antes se reía por su falta de fe.
Al final dice que amamantará hijos, no uno… varios. Está en plural. Ahora ya tiene mucha fe. Cuando Dios nos cumple sus promesas, nuestra fe crece.
Sara debió sufrir mucho, incluso si Dios los amaba. Si se había olvidado, finalmente Sara tiene un respiro de fe y felicidad. Aún tendría muchas preguntas… cómo se iba a convertir en una nación, por qué no nació antes de Hagar… pero Isaac es la evidencia tangible de que Dios siempre estuvo ahí.
Todos necesitamos un Isaac para poder creer y ver que Dios está con nosotros… este Isaac es Jesús. Esta fue la promesa que hizo, y es con Jesús que vemos que Dios nos ama mucho. Esta evidencia física que Dios envió es la muestra.
Leamos del 8 al 21
Abraham hace una fiesta de felicidad y agradecimiento, e Ismael se burla de Isaac. Esto es el espíritu de Hagar, y está incorrecto. Sus descendientes siempre atacan a Israel.
En Gálatas 4:22-29, el apóstol Pablo habla sobre esto: Jesús y nosotros somos hijos de la promesa; los demás son hijos de la carne y la esclavitud, como Hagar.
Abraham no quería sacar a Ismael, tal vez pensaba en él como un plan B de respaldo. Dios no quiso que tuviera otro plan y le dice que lo saque tal como le dijo su esposa.
Abraham pensaba que Ismael era su hijo, pero Dios no lo reconoce como hijo. Lo veremos después cuando Dios le dice que Isaac es su único hijo y lo llama “jovencito” en vez de hijo de Abraham.
Dios dará una nación, no porque se la merezcan ni por burlarse de Isaac, sino por Abraham.
Hagar se burló de Sara, y así Ismael se burló de Isaac… ¿qué resultó? Terminan en el desierto, a punto de morir. Esto sucede cuando estamos en contra de Dios.
Increíble: Abraham, con todas sus riquezas, siendo un hombre muy rico, los manda con pan y agua. Podría haberlos mandado con asnos, sirvientes y mucha comida, pero parece que Abraham sabe que Dios iba a cuidar de ellos.
Dios oye el lamento de Isaac, les aparece una fuente de agua, y le dice a Hagar que hará de él una gran nación. Este lugar en el desierto con esta fuente de agua existe hoy, se llama el Kaaba. Allí está la mezquita más importante del Islam, en La Meca. El manantial se llama Zamzam, brota agua aún hoy día, y según los científicos es el agua más pura en toda la tierra. Se considera sagrado y hoy hay mucho contrabando de botellas que salen a Europa y Asia, vendiéndose muy caras.
Leamos del 22 al 34
Este Abimelec no es el mismo del capítulo 20. “Abimelec” es como el título de un rey.
Él le pide a Abraham que le jure que va a ser fiel con él, y Abraham le jura que sí.
Como estos lugares eran tan desérticos, los pozos de agua eran muy valiosos.
Así que Abraham reprocha a Abimelec porque le estaban usando su pozo, y Abraham le da animales y cosas para mostrar su generosidad.
Encima de esto, le da 7 ovejas.
Beershiva: lugar de agua profunda, o el pozo del juramento.
Hoy aún existe esta ciudad: Beershiva.