El libro de Juan, a diferencia de los otros tres libros sinópticos o paralelos a la historia de Jesús, nos muestra un 90 % de cosas que no son contadas en los otros libros. Está escrito como un documento legal de la época, similar a como lo hacía un historiador. Habla de los 7 “Yo soy” que nadie más refiere: “Yo soy la luz, el pan, la puerta”, etc.
El capítulo 20 podría ser el último. Miren cómo termina… pero por alguna razón Dios deja un último tema muy importante relacionado con la vida de los apóstoles.
Leamos del 1 al 6
¿Alguien averiguó cuál es el mar de Tiberias? Es el mismo mar de Galilea, pero con nombre romano. ¿Por qué usa aquí el nombre romano? Galilea significa revelación. Entonces aquí no estamos frente a una revelación de milagros o cumplimiento de profecías, como en capítulos anteriores.
Aquí los apóstoles están volviendo a su vida normal, como si pensaran: “Bueno, se fue Jesús, y ahora nos toca volver a lo que hacíamos”. Esto refleja una mentalidad romana: vivir como gente del mundo, preocupados por su sustento y por la vida terrenal.
Ellos creen, pero sus acciones no lo demuestran. ¿Cómo nos vemos ante los demás? ¿Mostramos que nuestra vida gira alrededor de Jesús? ¿O estamos más enfocados en el mundo antes que en Dios?
Jesús los llamó a ser pescadores de hombres, no de peces.
Ellos eran pescadores profesionales; no pescar ni un solo pescado es increíble. ¿Cómo es posible? Son expertos. El pescado significa “bendición”. Al no tener pescado, están como sin bendición.
Leamos del 7 al 14
Jesús pregunta si tienen algo de comer; ellos responden “No”. Jesús siempre provee lo que nos falta, siempre y cuando obedezcamos. Les dice: “Tiren la red al otro lado”. Estaban a 100 metros de la orilla. El mar de Galilea es muy bajo cerca de la orilla, y aun así llenaron la red de peces, sin que se rompiera.
O sea, sin oportunidad de pescar, lograron la captura. Cuando no logramos lo que buscamos, debemos creer y obedecer.
Jesús los llena de bendiciones: los 153 peces representan abundancia.
El número 153 ha sido interpretado de varias formas por estudiosos:
Algunos, como Agustín, pensaban que 153 es la suma de los números del 1 al 17, representando los 10 mandamientos más los 7 dones del Espíritu.
Otros notan que 153 es el valor numérico de las palabras griegas “Pedro” y “pez”.
En hebreo, “Simón Iona” equivale a 118 + 35 = 153 (Dods).
Escritores antiguos como Jerónimo creían que existían 153 especies de peces en el mundo, representando una cosecha completa.
Cirilo de Alejandría interpretó: 100 para los gentiles, 50 para Israel, 3 para la Trinidad.
La verdad es que lo único seguro es que 153 representa el número de peces en la red. Los múltiples significados solo nos recuerdan no crear mensajes ocultos en la Biblia.
Juan, el apóstol amado, reconoce primero que es Jesús. Pedro se lanza de inmediato, quizá pensando: “¡Ahora no me vas a ganar, Juan!” Pero Pedro se viste antes de lanzarse. Es interesante: se quita la camisa para nadar. La desnudez puede reflejar vergüenza: sabían que deberían estar evangelizando en lugar de ir a pescar, o puede ser simplemente una tradición para saludar.
Jesús los invita a desayunar. ¿Se imaginan ese desayuno hecho por Dios? ¿Qué pescado tendría? Pero Jesús les pide que traigan su pescado. Él no necesita de nosotros, pero le encanta que participemos en sus acciones. Jesús nuevamente muestra un acto de servicio hacia el hombre por amor. Los discípulos, pescando toda la noche, tendrían hambre y no tenían pescado para comer.
Leamos del 15 al 19
Jesús llama a Simón, no Pedro, quizá porque aún no es la “Roca de Fe” que Él quiere que sea.
Esto recuerda la negación de Pedro tres veces. Jesús le pregunta: “¿Me amas?” usando la palabra griega Agape, amor sacrificial. Pedro responde: “Sí, te quiero” (filio).
Primera respuesta: “Alimenta mis ovejas jóvenes” → cuidado básico.
Segunda pregunta: de nuevo Agape → amor sacrificial; Pedro responde “Sí, te quiero” → guía de rebaños más grandes, responsabilidad mayor.
Tercera vez: “¿Me quieres?” → Pedro responde “Tú sabes cuánto te quiero” → compromiso maduro.
Aquí se conecta con el ministerio de Pedro: va a ser uno de los más grandes entre los apóstoles. Muchas personas serán evangelizadas.
Jesús le perdona su negación tres veces y le hace declarar su amor tres veces. Pedro madura espiritualmente.
Algunos escolares dicen que Jesús le está preguntando si lo ama más que ir de pesca, no más que a los otros discípulos.
Esto refleja la madurez: de joven hacía lo que quería; maduro, hará lo que debe aunque no quiera, reflejando su futura muerte gloriosa.
Versículo 18: muestra cómo Pedro va a morir: crucificado, con las manos extendidas. Así murió.
Leamos del 20 al 23
Pedro pregunta: “¿Y este otro qué?” Juan lo seguía. Esto nos refleja a nosotros: muchas veces nos preocupamos por otros que no siguen a Dios, pero nuestro enfoque principal debe ser nuestra propia relación con Él. Podemos motivar, pero debemos primero crecer en intimidad y aprendizaje.
Jesús dice: “Preocúpate de ti con respecto a Dios”.
No dice que Juan nunca va a morir; solo dice que “si eso pasara, qué importa…”.
Juan termina los capítulos 23 y 24 diciendo que su testimonio es verdadero. Está escrito como un documento legal, histórico, para que podamos creer.
Él escribió esto entre muchas otras cosas que pasaron, para decir que no fue lo único.
¿Qué está haciendo Dios en nuestras vidas? Mucho más de lo que creemos: cómo conocimos a nuestras parejas, cómo nos salvó de un accidente, tantas cosas que no imaginamos.
Y termina con un “Amén” (en hebreo), que es un mandato: CREE. Cree que Jesús es el Hijo de Dios y eterno.
Jesús dijo: “Me voy a preparar un lugar para los que me siguen, y volveré por ustedes”.
Después de este mensaje, podemos volver a “pescar” o cambiar para ser cada día más como Jesús, cumpliendo sus dos mandamientos: amar a Dios y al prójimo. Así de simple.
Fin del Libro de Juan.