Este capítulo, Juan nos dice cuándo ocurre: previo a la fiesta de Pascua. Jesús sabe que su hora está llegando para regresar al cielo. Dice: “y habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin”. Jesús muestra su amor al hombre en su máxima expresión.
Dice que cuando llegó la hora de la cena… esta es la Última Cena. ¿Por qué se llama la Última Cena? Porque era la última cena antes de ir 7 días sin comer levadura.
Dice que el diablo ya había incitado a Judas. Judas era un hombre que tenía una atracción muy grande por el dinero, y el diablo usa esto para forzarlo a hacer cosas en contra de Dios. Es así que cada uno de nosotros tiene cosas por donde el diablo puede entrar y hacer que hagamos cosas que a Dios no le agradan: la debilidad por el dinero, debilidad por el alcohol, por las mujeres, por las cosas de este mundo. Es ahí que el enemigo entra y nos domina a pecar y hacer cosas que a Dios no le agradan, y es el mismo diablo que va y le cuenta a Dios cuando caemos en estas cosas. Bueno, es así que el diablo entró en Judas.
En esa época, cuando se invitaba a las casas, la gente tomaba su baño y caminaba con sandalias abiertas. Los pies se ensuciaban. Cuando llegaban, normalmente había un sirviente que limpiaba los pies. Si no había sirviente, la gente lo hacía cada uno.
Jesús toma esta costumbre para dar una lección espiritual de humildad. Aquí tenemos al Creador (como vimos en Juan 1: en el principio la Palabra ya existía, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios). Jesús es el Creador, y aquí el Creador le lava los pies a su creación. Segundo, el Maestro le lava los pies a sus seguidores. Y tercero, Dios le lava los pies a Judas, el que lo va a traicionar.
Lo primero es la humildad que Jesús nos muestra aquí. En nuestra sociedad, el colegio, las universidades, el trabajo, toda la vida nos enseñan a vendernos nosotros mismos, sobresalir delante de los demás. Es todo lo contrario de lo que Jesús está enseñando aquí. Era de los sirvientes hacer eso, pero Él lo hace. Miren la reacción de Simón Pedro, como que esto es el colmo que el Mesías les lave los pies. ¿Qué nivel de humildad nosotros tenemos? ¿Qué ejemplo Jesús dice que hagamos los unos a los otros? ¿Limpiaríamos los pies de otra persona por humildad? ¿Lavarían los pies de alguien que los sirve a ustedes? ¿Los pies de Mireya? ¿Los pies de una persona que está pidiendo limosna en el semáforo?
¿Por qué ninguno de los discípulos lavó los pies de Jesús? Pues le tocaría lavar los de los demás. Como si alguien comienza a servir, los demás van a esperar que también les sirva, y esto sería ponerse debajo de los demás. En Lucas 22:24-30 habla de que tenían una discusión de quién iba a ser más importante una vez que Jesús se fuera. Eran hombres con muchos egos y todos querían tener poder. Este acto de humildad de Jesús les enseña mucho a todos nosotros.
Jesús se refiere a Dios como su Padre varias veces. Esto es para mostrar su relación con Dios. Así mismo nosotros tenemos que desarrollar una relación con Jesús. De nada sirve decir: yo creo en Jesús, yo creo en Dios y en el Espíritu Santo, si no desarrollamos una relación con Él. Esa relación se logra como uno desarrolla una relación con otra persona. ¿Cómo hacemos eso? Hablando con la otra persona. ¿Cómo hablamos con Dios? Rezando. ¿Y cómo escuchamos a Dios? Leyendo. Conociendo a alguien, uno sale a hacer cosas. Si a uno le gusta ir al cine, uno va al cine; si le gusta bailar, uno va a bailar y comienza a hacer cosas que le agradan al otro. Igualmente agradamos a Dios cuando hacemos lo que a Él le gusta: amar a los demás, alabarlo a Él, perdonar, ser humildes. ¿Qué pasa si uno no hace lo que a la otra persona le agrada? No va a bailar, no va al cine… pues poco a poco esa persona deja de salir contigo.
En el versículo 10, Jesús le responde a Pedro.
Lo que Él dice a Pedro aquí es que no tiene que limpiar el cuerpo entero, pues las personas toman el baño diario y solamente Él está limpiando una parte. Se refiere a que Jesús va a derramar su sangre por nosotros y esto va a limpiar nuestros pecados, y nosotros solamente tenemos que tener la limpieza diaria al leer la Biblia diariamente, al orar diariamente, al alabar a Dios en cada momento que podamos, pues Él limpió nuestros pecados, y lo único que tenemos que hacer es mantenernos limpios espiritualmente con la oración.
Leamos del 12 al 17.
Revisemos con cuidado el 13 y el 14. Aquí habla de que Jesús es Maestro y Señor, y en el 13 lo dice al revés: Señor y Maestro. Este cambio de orden tiene importancia, pues al comienzo, con los milagros de Jesús, Él estaba enseñando: era su Maestro y Señor. Ahora es el Señor y Maestro; tiene que ver con que ahora, más que aprender, tienen que ejecutar, lavar los pies de otros, limpiar espiritualmente a otros, con humildad.
Después de estudiar las enseñanzas de Jesús en estas lecturas, debemos cambiar como personas. Estas lecturas nos tienen que transformar en seres diferentes a los demás. Vamos a actuar con humildad sobresaliente entre los demás. No es pelear por quién tiene la razón; es actuar con amor con cada persona con la que interactuamos, así tengamos diferentes formas de pensar, sin ataques para mostrar cuánta sabiduría tenemos de las cosas. Es no querer ganar cada discusión que tengamos, pues el amor de los demás está por encima de las discusiones. Decirle al otro que su punto de vista es entendible, para que esa otra persona se sienta entendida, aunque pensemos que está equivocado, es hacer lo que nos pide Jesús aquí: humildad y máxima expresión de amor al prójimo. Eso es creer en Jesús. Eso es creer en Dios: no solo que existe, sino que lo amamos tanto que hacemos lo que a Él le agrada. Además, nos llenamos de buenas relaciones con los demás. Eso es leer la Biblia con propósito, abriendo nuestro corazón al Espíritu Santo; de lo contrario, es como si estuviéramos leyendo un libro de historia.
Quiero estar seguro de que no pensamos que Jesús está diciendo que los discípulos y el hombre deben limpiar los pies de los demás como señal literal de amor. No. Él está usando, como siempre, ejemplos de la vida cotidiana en esa época para hablar en términos espirituales.
Leamos del 18 al 30. Jesús predice la traición de Judas.
El versículo 18 dice que Jesús escogió a sus discípulos, inclusive a Judas. Se imaginan hoy día escogiendo a sus empleados… ninguno de los apóstoles tenía una educación especial, solo Mateo, que era recolector de impuestos, y Judas, que era tesorero. ¿Hoy día escogeríamos a Judas en nuestra empresa?
Jesús escoge a Judas sabiendo que lo va a traicionar, pero esto es hecho para cumplir el propósito de Dios. Primero, el propósito de morir para el perdón de los pecados; ese era el plan de Dios y tenía que cumplirse para salvar a las personas del pecado y darles vida eterna. Lo otro es que con Judas esta lección al mundo era muy importante: poder mostrar que cuando tenemos cosas más importantes que Dios, en el caso de Judas era el dinero, pero hay muchas cosas en la tierra que ponemos por encima de Dios, cosas de la tierra que nos encantan pero que nos alejan de Dios. Cuando ponemos estas cosas por encima de Dios, terminamos haciendo lo que hizo Judas: por unas monedas entregó a Dios para ser sacrificado.
Leamos del 31 al 35: el “nuevo” mandamiento.
Aquí dice Jesús que Él va a ser glorificado, y que en Él se glorifica Dios, y así el hombre se glorifica en sí mismo. La glorificación es la eliminación y la liberación del pecado. Pasamos de ser seres mortales agobiados por la naturaleza pecaminosa a ser seres inmortales y santos, con acceso directo y sin obstáculos a la presencia de Dios, y podremos disfrutar con Él de una santa comunión toda la eternidad. Esta gloria se completa cuando Jesús regrese, y seremos transformados de una forma instantánea, si estamos vivos, y también si estamos muertos, con un cuerpo nuevo. Pero al creer en Cristo, todos nosotros estamos contemplando la gloria del Señor y estamos siendo transformados en su imagen, de gloria en gloria (2 Corintios 3:18). Más tarde, en el capítulo 17, vamos a ver que Jesús ora a su Padre para que nos haga santos a todos los que seguimos y creemos en Él (Juan 17:17). Dice que la santificación de todos nosotros es necesaria para poder ver su gloria y estar con Él en la vida eterna (Juan 17:21-24).
Un nuevo mandamiento es dado por Jesús: amar unos a los otros como a ti mismo. Aunque este mandato estaba ya dicho en Levíticos 19:18, la palabra griega que se usa aquí no es “neos”, que significa nuevo en el sentido de reciente, sino “kainos”, que es nuevo en tiempo y con nuevas características, ya que ese amor al prójimo en Levítico era simplemente amar a los otros como a uno mismo, pero en este nuevo concepto es amar al prójimo como amas a Cristo. O sea, si no amas a tu vecino, si no amas a aquellos seres que no te caen bien, lo que estás expresando es que no amas a Jesús, por ende, no amas a Dios, pues Jesús es Dios hecho humano. Jesús crea aquí un grupo de personas que no se identifican por su color, o por su forma de vestir, o por intereses compartidos. Él crea un grupo de personas que es reconocido porque se aman los unos a los otros y por el amor a los demás. Punto. Esa es la característica del que sigue a Cristo: se muestra siempre con un amor exagerado por los demás, aun por las personas que hacen el mal. Sí, así es, pues Jesús amó a Judas, aun cuando este hizo el mal; inclusive le lavó los pies, como veíamos. Este mandamiento cubre 6 de los 10 mandamientos. Él pidió a sus discípulos que hicieran esto, y nos pide a todos los que lo seguimos. No es solamente un pedido a los apóstoles, sino a aquellos que aman a Jesús y lo siguen, o sea, todos sus discípulos, como nosotros. Está bien no estar de acuerdo con cómo las personas hacen algunas cosas, pero no debo odiarlas. En el momento en que hablamos mal de alguien o pensamos negativamente de alguien sin darle amor, estamos dándole la espalda a Jesús. Ojo con eso.
Terminemos rápido el capítulo leyendo el anuncio de que Pedro lo iba a negar tres veces. Leamos del 36 hasta el final del capítulo.
Aquí Jesús le dice a Pedro que no lo puede seguir, y Pedro le dice: ¿Por qué no puedo? Daría la vida. La terquedad de Pedro con Dios muestra una cierta arrogancia. ¿Cuántas veces nuestra arrogancia va en contra de Dios? Leamos más sobre esto en Marcos 14:27 y Mateo 22:31.
Es de alguna forma insolente llevarle la contraria a Jesús. Es un acto de que a veces nosotros tenemos tanta seguridad en nosotros mismos por encima de lo que Dios pueda pensar.
Y todos los demás dijeron lo mismo. Pedro infectó a los demás con su arrogancia (Mateo 26:56), y todos lo abandonaron. Mateo 26:35: todos dijeron lo mismo, antes muertos que abandonarlo.