Este capítulo tiene un par de conceptos difíciles y problemáticos al leerlos. Existen varias interpretaciones; voy a mostrarles los diferentes puntos de vista de los estudiosos y teólogos, y luego cada uno podrá llegar a sus propias conclusiones.
La humanidad estaba en una multiplicación acelerada. Las personas vivían muchos años y el número de hijos era muy alto. Se estima que en la época de Noé ya había alrededor de un billón de personas en la tierra (en solo 1,650 años).
Después del diluvio, con la reducción en la esperanza de vida, esta multiplicación disminuyó bastante. En la época de Jesús se estima que había alrededor de 250 millones de personas en el mundo. Se alcanzó el primer billón aproximadamente en el siglo XVIII. Luego: 2 billones en 1927, 3 billones en 1960, 4 billones en 1975, 6.7 billones en años recientes… El crecimiento ha sido exponencial. Para 2050–2051 se proyectan alrededor de 10–11 billones de personas en el mundo. ¿Cómo se podrá sostener esa cantidad?
La degradación de la tierra llegó a niveles muy malvados y apartados de Dios, excepto por una persona llamada Noé.
Dios decide deshacer Su creación y comenzar de nuevo, como una recreación.
Sin embargo, lo que Dios hizo no cambió la naturaleza del hombre. El corazón humano no se transformó hacia lo que Dios desea. Dios permitió esto para darnos una lección: la única forma de salvación del hombre es la redención.
Dios sabía lo que iba a pasar; sabía que esto no cambiaría al hombre, pero dejó una enseñanza.
Leamos del 1 al 8.
Nos dice que los hombres se estaban multiplicando y que tenían hijas. Esto en sí no tiene nada malo, pero el texto enfatiza el nacimiento de mujeres. Dios creó a la mujer, y vemos que el hombre estaba abusando de ellas de una manera desagradable ante Dios.
Recordemos que Dios creó a la mujer como ayuda idónea, para acompañar y participar en la toma de decisiones. La sacó de su costado para que fueran una sola carne. Dijimos que el hombre que abusa de su mujer está abusando de sí mismo, pues son una sola carne, además de rechazar lo que Dios le ha entregado.
Y todo esto es consecuencia del pecado.
En el verso 2 aparece un término complejo:
“Que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas”.
La frase “los hijos de Dios” ha generado diferentes interpretaciones.
También aparece el término hebreo “nefilim”, que significa “caídos”.
Algunos interpretan que se trata de ángeles caídos, basándose en pasajes como Libro de Job 1:6; 2:1; 38:7.
Epístola de Judas 6 habla de ángeles que abandonaron su propia morada, y en el verso 7 los conecta con la corrupción inmoral de Sodoma y Gomorra.
En Segunda Epístola de Pedro 2:4–5 se menciona que Dios encadenó a ciertos ángeles, y en Primera Epístola de Pedro 3:19–20 se habla de Cristo proclamando victoria.
Esta teoría también aparece en un libro apócrifo llamado Libro de Enoc (1 Enoc), donde se describe que ángeles tomaron mujeres humanas y engendraron gigantes.
Según esta interpretación, Satanás habría intentado contaminar la humanidad para impedir el cumplimiento de la promesa de Génesis 3:15, donde se anuncia que la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente. Bajo esta idea, Dios destruye todo ser viviente sobre la tierra, encadena a esos ángeles y comienza nuevamente después del diluvio.
El problema con esta postura es que la palabra “ángel” no aparece explícitamente en el texto. En hebreo se usa el término “Elohim”, que puede significar “Dios”, pero también puede referirse a autoridades o jueces. Por eso, otra interpretación sostiene que “hijos de Dios” eran jueces o gobernantes que, abusando de su autoridad, tomaban mujeres a su antojo y se apartaban cada vez más de Dios.
Otra interpretación afirma que se trataba de matrimonios entre la descendencia de Caín, que se había degradado moralmente, y la descendencia de Set, que estaba más cerca de Dios. Dios más adelante prohíbe uniones con pueblos que se apartan de Él (Deuteronomio 7:1–4; 2 Corintios 6:14).
Esta teoría también deja preguntas: ¿por qué Dios destruiría a la humanidad solo por estas uniones? ¿Qué había de tan antinatural en ellas?
En el verso 3, Dios declara un límite: “Sus días serán ciento veinte años”. Algunos interpretan que se refiere al nuevo límite de vida del hombre; otros creen que eran los 120 años que faltarían hasta el diluvio. Podrían ser ambas cosas.
En el verso 4 se menciona que había gigantes en la tierra. La palabra hebrea es “nefilim”, que significa “caídos”. Algunos lo interpretan como ángeles caídos; otros, como seres humanos en condición caída, es decir, en pecado.
La degradación continúa: el hombre busca hacerse un nombre para sí mismo y no glorificar a su Creador.
El verso 5 describe que toda intención de los pensamientos del corazón del hombre era de continuo solamente el mal. Esto indica que nuestra naturaleza está corrompida por el pecado.
En el verso 6 leemos que Dios “se arrepintió” de haber creado al hombre. Esto no significa que Dios se equivocó o que no sabía lo que iba a ocurrir. Dios es omnisciente. Algunas traducciones expresan mejor la idea diciendo que Dios se entristeció o se lamentó en Su corazón. Es una forma de mostrar Su dolor ante el pecado humano.
Dios nos presenta dos caminos: arrepentimiento y vida eterna por Su gracia, o rechazo y juicio. Él es justo; no hay término medio.
En los versos 7 y 8 vemos juicio, pero también gracia. Noé halló gracia ante los ojos del Señor.
Leamos del 9 al 22.
Se presenta la descendencia de Noé: Sem, Cam y Jafet. De ellos procede la humanidad posterior al diluvio.
Noé era un hombre justo y perfecto en sus generaciones, y caminaba con Dios.
La tierra estaba corrompida y llena de violencia (en hebreo, “hamás”, que significa violencia o injusticia).
Dios decide traer el diluvio, la destrucción más grande hasta ese momento. Más adelante vendrá otro juicio final, pero aquí Dios da una oportunidad a Noé y, a través de él, a la humanidad.
En los versos 14 al 17, Dios le ordena construir un arca con dimensiones específicas: aproximadamente 130 metros de largo, 22.5 metros de ancho y 13.5 metros de alto.
A lo largo de la historia, varios escritores mencionaron tradiciones sobre el arca. Por ejemplo, el historiador judío Flavio Josefo (siglo I d.C.) escribió que en su tiempo se mostraban restos asociados al arca.
Dios hace un pacto con Noé y sus hijos.
Hoy en día, algunos señalan evidencias geológicas que interpretan como relacionadas con un diluvio global, como la gran cantidad de roca sedimentaria en la superficie terrestre, fósiles en capas extensas y restos de vida marina encontrados en altas cordilleras como el Himalaya.
Además, muchas culturas y tribus alrededor del mundo conservan relatos antiguos sobre un gran diluvio transmitido de generación en generación.
A través de mucho sacrificio, Noé salvó a su familia obedeciendo a Dios en un arca de madera. De manera similar, Jesucristo, mediante Su sacrificio en un madero —la cruz—, trae salvación al mundo.