Leamos del 1 al 12.
Aquí, Adán y Eva son obedientes al primer mandamiento que Dios les había dado: “Sed fructíferos”. Ellos obedecen a Dios.
Eva debió pensar que esta sería la descendencia que heriría en la cabeza a la serpiente: el Mesías, el Salvador del que Dios habló a la serpiente. Un segundo Adán que vendría a dar la oportunidad de redimir lo que se había perdido. Pero no; este sería el primer asesino de la historia, como veremos más adelante.
Nacen Caín y Abel.
Abel era pastor de ovejas y Caín labraba la tierra.
Ambos presentan ofrendas a Dios. Caín llevó frutos del campo. Recordemos que los vestidos de hojas de higuera no fueron adecuados delante de Dios; lo que sí fue aceptado fueron las pieles de animales sacrificados. ¿Qué ofreció Abel? Animales sacrificados.
¿Por qué la ofrenda de Abel fue mejor? Hebreos 11:4 nos lo dice.
La fe tiene un papel fundamental en nuestra relación con Dios. Si oramos por algo y no tenemos fe, de alguna manera estamos desconfiando de Él.
Todos los días tenemos oportunidades de agradar al Señor o de no agradarlo. Debemos estar muy atentos a lo que hacemos para no desagradarlo.
El rostro de Caín demuestra su tristeza e ira, y Dios lo nota. Cuando Dios le dice que será aceptado, ¿qué quiere decir? Que puede ser perdonado si hace lo correcto. Le advierte que el pecado lo acecha y lo desea, pero que él debe dominarlo. Esto es parecido a lo dicho a la mujer: ella deseará a su marido, pero él la dominará.
Leamos del 9 al 15.
¿Vemos entonces que Caín se dejó gobernar por quién? Por el pecado. Y el pecado está totalmente conectado con el diablo, la serpiente.
Eso es lo que sucede cuando pecamos: le damos entrada al enemigo en nuestra vida, y él comienza a gobernarla.
Caín mata a Abel. Aquí hay sangre, pero no la sangre que agradaba a Dios.
¿Pudo Dios evitar la muerte de aquel que le ofreció una buena ofrenda? Sí, claro. Pero Dios permite que el ser humano haga lo que decide hacer. Es el libre albedrío.
Dios le pregunta a Caín qué ha hecho. Dios sabe la respuesta, pero le da la oportunidad de confesar su pecado. Dios nos da esa opción todos los días. La respuesta de Caín es ofensiva: dice que no es el guardián de su hermano. ¡Claro que sí! Debemos cuidarnos unos a otros: hermanos de sangre y hermanos en Cristo.
Dios dice que la sangre de Abel clama desde la tierra. Aquí volvemos al tema de la tierra y su decadencia. Pablo nos dice que la creación —los animales, los árboles y la tierra entera— gime con dolores. Y no es por el calentamiento global, sino porque el pecado del hombre trae dolor a la tierra que Dios creó para nosotros.
El castigo será que le costará aún más obtener alimento de la tierra; será vagabundo y errante.
Caín se preocupa más por su castigo que por su pecado. Eso aún continúa hoy en día.
Irá de un lado a otro buscando perdón, pero no lo encontrará, porque el perdón verdadero solo viene de Dios. Lo que encontrará será muerte. Él sabe que su castigo es demasiado grande para soportarlo, y así lo expresa.
Caín dice que se esconderá de la presencia de Dios. Su vida será un caos. Estará separado de Él. ¿A dónde se dirige Caín? Al Hades, al lugar de tormento: un sitio separado de Dios. “Escondido” significa que no tendrá relación con Dios.
Leamos del 16 al 26.
Caín se fue a la tierra de Nod, que significa “errante”.
Allí conoció a su esposa y tuvo un hijo llamado Enoc. Construyó una ciudad y la llamó Enoc. Este no es el mismo Enoc del que se habla en Génesis 5. Caín estaba preocupado por su descendencia y edificó esta ciudad. En vez de ponerle un nombre relacionado con Dios, la nombró en relación con el hombre, exaltando al hombre por encima de Dios. Esto muestra la degradación progresiva de la humanidad.
Aquí se menciona la descendencia de Caín: Enoc, Irad, Mehujael, Metusael y Lamec.
Lamec tuvo dos esposas; fue el primer bígamo mencionado en la historia. Esto demuestra cómo el hombre sigue deteriorándose, pues viola el diseño establecido por Dios.
Adán y Eva tuvieron otro hijo llamado Set. Él es el reemplazo de Abel, la línea de la promesa. De esta descendencia vendría Jesús, y también nosotros formamos parte de esa historia redentora.