Leamos del 1 al 27
Comienza el capítulo definiendo la madurez espiritual de Abraham, no para decir qué tan viejo era, sino para mostrarnos que, debido a su madurez espiritual, el Señor lo había bendecido en todo.
Escoge a su mayordomo más experto. Aquí la vejez no se refiere a su madurez espiritual, sino a su experiencia como administrador al servicio de Abraham. El hebreo usa una palabra similar, pero no es la misma. ¿Quién es este mayordomo? Eliezer. Lo vimos antes, al comienzo del capítulo 15.
Los juramentos se hacían levantando la mano o colocándola debajo del muslo como tradición.
Pregunta: ¿por qué Abraham quiere una esposa para su hijo del lugar donde estaba su familia?
Las tribus cananeas eran idólatras, y Abraham quiere que su hijo, que está muy cerca de Dios, no tenga influencia de dioses paganos ni de otras idolatrías. Los jóvenes cristianos deben casarse con personas que también sean cristianas. Esto hace que su matrimonio tenga fundamentos bíblicos y no fundamentos de la carne.
Es desobediencia que un creyente se case con un no creyente. Aunque hay muchas historias de creyentes que se casan con no creyentes y luego ambos se convierten, sigue siendo desobediencia.
Abraham busca aquí fundamentos espirituales cuando manda a su siervo a buscar su nuera en su ciudad natal.
Esta obediencia, aunque no estemos de acuerdo y sea difícil de aceptar, refleja los principios de Dios. Eliezer creció en esta familia como siervo y fue obediente a Abraham. Esta obediencia traerá revelación.
Eliezer le dice que mejor lleve a su hijo allá, y Abraham le responde con un rotundo NO, pues sigue siendo obediente a Dios de permanecer en la tierra prometida con su descendencia. Lo que no hicieron Jacob y el resto de las tribus de Israel cuando se fueron a Egipto. La importancia de la tierra prometida para Israel es enorme. Si alguien les dice que la importancia de la tierra de Israel no es válida, aléjense de esa conversación.
La duda del siervo es lógica: ¿quién se va a casar con una persona que no conoce, en un país lejano? No era una costumbre como en otras culturas. Pero cuando Dios está en medio, estas cosas suceden.
El tema matrimonial tiene una connotación del Reino de Dios. Génesis comienza definiendo la unión entre hombre y mujer, estableciendo el matrimonio, y la Biblia termina en Apocalipsis hablando del matrimonio entre Jesús y la Iglesia: las bodas del Cordero. Por lo tanto, si queremos tener un matrimonio exitoso, debe estar basado en principios del Reino de Dios.
Abraham le dice que un ángel irá delante de él.
El siervo hace el juramento.
Se lleva 10 camellos y bienes para su tarea, hacia la ciudad de Nacor.
Llega a un pozo de agua y hace arrodillar a sus camellos. Siempre que hay un pozo de agua, se relaciona con matrimonio. Así fue cuando Moisés conoció a su esposa. Así también Jesús habló con la samaritana en el pozo acerca de sus maridos.
Versículo 12 muestra al siervo orando, y ora por Abraham. Muestra su humildad hacia su señor.
Leamos el verso 16, que tiene mucha revelación sobre cómo una mujer de Dios se acerca a un hombre de Dios.
Eliezer va a ella y le pide de beber, y efectivamente ella le da de beber, y además ofrece dar agua a los camellos. Diez camellos necesitarían aproximadamente 4 barriles de agua; sacar esto de un pozo requiere muchísimo esfuerzo. Vemos aquí que es una mujer bondadosa y generosa.
Él le da un anillo y le pregunta si tiene lugar para pasar la noche. La familia de Rebeca muestra que era una familia hospitalaria.
Eliezer se arrodilla y da gracias a Dios por su misericordia hacia Abraham. Este siervo comenzó orando y termina adorando a Dios.
Leamos del 27 al 60
Ella corre a la casa de su madre y de su hermano Labán. Eliezer, sin embargo, se queda afuera, y Labán le dice: “¿Qué haces ahí afuera? ¡Entra!” Eliezer sigue confirmando que Dios está respondiendo y dando señales correctas. A veces, cuando le pido algo a Dios, espero que varias cosas se alineen para asegurar que es Su voluntad. Parece que Eliezer hace lo mismo aquí.
Rebeca y su familia demuestran características de Dios en su hospitalidad. Eso es lo que buscamos en un esposo o esposa antes de casarnos.
Una vez acomodado, lo invitan a comer. Miren lo que hace Eliezer: el tema de la alimentación se relaciona con buenas relaciones. Antes de aceptar, decide aclarar el propósito de su visita para asegurarse de que esta comida es realmente un gesto sincero. De nuevo, asegurando que todo es parte del plan de Dios.
Verso 42: leemos que Eliezer le da toda la gloria a Dios. Normalmente otra persona hubiera dicho: “Yo tengo buena labia, voy a dar lo mejor de mí para lograr este desafío”. Pero Eliezer, antes que todo, le da gloria a Dios. Esta es una buena práctica de vida.
Eliezer termina de contar todo con detalles, incluyendo su adoración. Esto muestra su obediencia y cómo comparte su testimonio con esta familia. Es hermoso cuando compartimos nuestras experiencias con Dios con otros.
Verso 49: pide verificación si están de acuerdo con la voluntad de Dios… ¡de nuevo!
Si dicen que sí, entonces disfrutará la comida; si no, se irá a la derecha o a la izquierda.
¿Qué le respondemos a Dios cuando nos pide algo? ¿Le decimos sí o no? El servicio a Dios nos lleva a la adoración, y la adoración trae éxito a nuestra vida. Este es un buen principio de esta lectura.
Versículo 50: dice Betuel y Labán: “Del Señor ha salido esto”. La palabra “Señor” en el hebreo original es Hashem; el nombre de Yahweh aparece aquí, mostrando que esta familia reconoce a Dios.
No podemos decir que está bien o mal. Y aceptan. De nuevo, cuando entendemos que lo que nos pasa viene de Dios y es Su voluntad (fe), aceptamos sin objeción.
Eliezer nuevamente agradece de rodillas. Esta nueva confirmación demuestra que esta familia y esta mujer son la voluntad de Dios en misericordia hacia Abraham.
Ya es como la cuarta revelación de que Rebeca es la mujer correcta para Isaac según la voluntad de Dios. Pero miren lo que sucede ahora: al día siguiente piden que Rebeca se quede 10 días. Y Eliezer rotundamente dice NO. Él ya sabe que esta es la voluntad de Dios, y cuando tenemos clara la voluntad de Dios debemos actuar de inmediato. Muchas veces los obstáculos aparecen cuando estamos a punto de obedecer.
Luego piden que sea Rebeca quien decida. Esta es una presión muy alta para ella: irse con un desconocido. Pero su respuesta es muy relevante.
Ella responde positivamente. Es claro para ella que es la voluntad de Dios.
Muchos piensan que la Biblia pone a la mujer en segunda clase. Aquí este pasaje lo contradice, pues todo el peso de esta decisión tan importante —donde se declara la descendencia que llevaría a la salvación— queda en manos de la decisión de una mujer. Hay pasajes donde la mujer tiene un rol diferente al del hombre, pero nunca para humillarla, sino con responsabilidades distintas y complementarias. Como dice Génesis, es la ayuda idónea del hombre.
¿A dónde llega Rebeca cuando sale hacia Hebrón? Leamos el versículo 62: Lahai-Roi (Pozo del Viviente que me ve). Ese fue el pozo donde Dios se le apareció a Hagar y le dijo que regresara a su señora y fuera sumisa a ella, en el capítulo 16. Allí Hagar oró.
De la misma manera, Isaac está ahí meditando (orando), pues levanta sus ojos. Está orando por su esposa, sabiendo lo que su padre estaba haciendo.
¿Qué hace Rebeca?
Levanta sus ojos (ora).
¿Qué hace luego? Se baja del camello y se cubre el rostro. ¿Por qué?
Algunos rabinos dicen que se cubre como tradición judía de mujer comprometida o casada. Otros dicen que las mujeres son más espirituales y sensibles, y guían al hombre, como Dios le dijo a Abraham: “Escucha a Sara”. Los hombres somos más visuales y muchas veces actuamos por lo que vemos. Rebeca aceptó ser la mujer de Isaac sin verlo, y como era muy bella, se cubre el rostro para que Isaac la reciba por fe y no por su apariencia.
El siervo le cuenta a Isaac todo lo que pasó. Así como Rebeca conoció la historia de cómo Dios se reveló, Isaac también la escucha.
La introduce en la tienda de su madre. Rebeca se convierte en la nueva matriarca.
Ella fue su mujer. ¿Y qué hizo Isaac? La amó. Somos llamados a amar a nuestras esposas. Es bíblico.
Así se “consoló” Isaac de la muerte de su madre. Esa palabra en hebreo implica encontrar consuelo mirando hacia el futuro, no quedándose en el pasado. Tiene una conexión hermosa con la esperanza del Reino futuro de Dios. El futuro.