Veíamos en el capítulo anterior que luego de que Jacob da profecía del futuro a cada hijo, los bendice y da su último respiro.
Leamos del versículo 1 al 14
Jacob, el padre de todos, muere, y José lo abraza y llora. Le pide a los médicos egipcios que lo embalsamen. ¿A ustedes les gustaría ser embalsamados, cremados o enterrados normalmente? ¿Qué dicen las Escrituras? Por ejemplo, los judíos nunca se creman ni menos se embalsaman; todo esto estaba prohibido.
Después de la muerte, la Biblia nos enseña que el espíritu inmediatamente se va a la presencia de Dios; no al purgatorio, ni a dormir por un tiempo, nada de eso. El espíritu va a la presencia de Dios si es creyente; si no, irá al Seol, que es el lugar de sufrimiento separado de Dios. El cuerpo vuelve a la tierra. También dice la Biblia que nuestros cuerpos serán resucitados y convertidos en un nuevo cuerpo celestial. No importa si ese cuerpo fue cremado o destruido en mil pedazos; Dios recogerá cada partícula de ese polvo y lo convertirá en un nuevo cuerpo celestial. Así que no hay problema en ser cremado, enterrado o embalsamado. Lo importante es efectuar el funeral con respeto y tener el duelo.
Bueno, aquí José sigue las tradiciones de la cultura donde estaban viviendo. Pasan 40 días para embalsamar, y estos 40 días significan una transición de las cosas. Con la muerte de Jacob, ocurre una transición de la familia, y ahora José tomaría el liderazgo. Los egipcios guardan 70 días de luto.
José, muy humildemente y respetando que, aunque es un gran líder, pide permiso para llevar a su padre a ser enterrado donde él pidió. Cuando van a enterrarlo, incluso dejan a sus hijos y a sus animales en Egipto, mostrando que regresarían.
Los oficiales y servidores del Faraón acompañaron a José para llevar a enterrar a su padre, además de llevar comida y cosas necesarias para el camino. Llegan a la tierra de Hatad, al otro lado del río Jordán, e hicieron grandes lamentaciones de duelo. Allí José hizo duelo por 7 días. Imaginen: 40 días de embalsamamiento, luego 70 días de duelo en Egipto, y ahora esta procesión fúnebre.
Los cananeos vieron la tremenda procesión y la importancia de esto, y llamaron al lugar Abel Misrayim (“Luto de los egipcios”).
Lo llevan a la tierra de Canaán para sepultarlo en el campo de Macpela frente a Mamre, en el lugar que Abraham compró para enterrar a Sara.
José regresa a Egipto luego de enterrar a su padre.
Leamos del versículo 15 al 21
Los hermanos de José estaban concluyendo que, ahora que su padre había muerto, José podría guardar rencor y querer vengarse. Lamentablemente, esto los llevó a decir algo que probablemente no era del todo cierto: afirmaron que su padre Jacob les había dado la instrucción de pedirle a José que los perdonara por la terrible maldad y el pecado que habían cometido. Incluso terminaron diciendo que ellos eran siervos del Dios de su padre, como queriendo justificar que esto era la voluntad de Dios. José claramente no cree en esto y simplemente se echa a llorar. Por un lado, es una mentira y está mal de parte de sus hermanos, pero también muestra que ellos reconocen que lo que hicieron estuvo mal y que deberían enfrentar las consecuencias de su pecado. Esto evidencia arrepentimiento.
Ellos se arrodillan ante José y se ofrecen como esclavos. José les dice que él está bajo la autoridad de Dios y que no les hará nada malo.
El versículo 20 habla de lo que Dios hace todo el tiempo: convierte el pecado y el mal en bien para lograr Su voluntad. No significa que Dios cree el mal; lo que sucede es que Él permite que el hombre peque, pero usa incluso estas situaciones para cumplir Su plan. Todo esto fue hecho para que Dios lograra salvar a mucha gente. Por eso José les dice a sus hermanos: “No tengan miedo”, consolándolos y hablándoles al corazón.
Leamos del versículo 22 al 26
Luego de esto pasaron muchos años y José alcanzó la edad de 110 años. Es decir, José estuvo en Egipto por 93 años, pues llegó a los 17 años como esclavo. Pudo ver tres generaciones de los hijos de Efraín, y también a Maquir, hijo de Manasés.
Antes de morir, José les dice a sus hermanos que está a punto de fallecer, pero que sin duda Dios los ayudará a llegar a la tierra que prometió a sus antepasados. José hace jurar a sus hijos que, aunque Dios los ayude, ellos deberán llevarse sus huesos de Egipto. Por eso su cuerpo fue embalsamado para evitar su descomposición y poder ser trasladado posteriormente.
Con esto, terminamos el libro de Génesis. Después de estudiar la creación del mundo según Dios, sus primeros habitantes y cómo el pecado se extendió a través de la humanidad, también hemos repasado la historia de este gran hombre que nos enseña sobre la naturaleza de Jesús: José y su vida reflejan en muchos aspectos nuestras propias vidas. Espero que, después de este estudio, cada una de sus vidas sea bendecida.