Jesús alimenta a 5,000. Este milagro es el único que se cuenta en los cuatro Evangelios. Se escribió en épocas diferentes y en lugares diferentes.
Lo primero es ver la compasión de Jesús. Él muestra la compasión de Dios.
Pero hace la pregunta para probar a los discípulos; la respuesta no debería ser una razón para no alimentarlos, más bien deberían pensar en la necesidad de alimentar a la gente independientemente de cuánto cueste.
Felipe calcula cuánto trabajo tomaría alimentar a todos.
Jesús es el que alimenta al hombre con el pan.
Jesús camina sobre el agua.
El mar de Galilea está 180 metros bajo el nivel del mar; hay mucho viento porque tiene una depresión que hace que ventee mucho.
Jesús llega caminando hacia el bote y ellos se asustan. Pero Él les dice que no tengan miedo.
Todos tenemos nuestras tormentas. No son perpetuas; cada tormenta tiene su fin. Y Dios nos las pone de acuerdo con cuánto podemos soportar, sobre todo cuando recibimos a Jesús en nuestro bote.
JESÚS EL PAN DE VIDA
Este versículo es muy importante, pues nos explica tres preguntas muy importantes:
¿De dónde viene Jesús?
¿A qué viene Jesús?
¿Cómo aplica esto a mi vida?
La gente sigue asombrada de los milagros de Jesús, y Él les responde que no lo siguen en busca de alimento eterno, sino que están muy llenos del pan que comieron y lo siguen por sus milagros, no por la búsqueda del alimento eterno espiritual.
Cuando nos preguntamos quién es Dios, pensamos en la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No son tres dioses (eso sería antibíblico, pues solo hay un Dios). El Padre habla al Hijo de ti, el Hijo habla al Padre de ti, y ambos hablan al Espíritu Santo como tú. Pero el único Dios es uno en esencia.
El Padre crea, el Hijo redime y el Espíritu Santo ejecuta. Los tres son eternos, pues son uno solo; están siempre en comunión juntos. Jesús vino de la eternidad, pues Él ya existía antes de la creación del mundo. Él se hizo carne al nacer en María y luego regresó a la eternidad cuando murió y resucitó. Está vivo, no está crucificado en la cruz. El Espíritu Santo está con nosotros todo el tiempo y está en comunión con el Padre y el Hijo.
Jesús viene del cielo. ¿Dónde está el cielo? No lo sabemos con exactitud, pero es donde vive Dios, Jesús y sus ángeles. Él no viene de la tierra; viene de la eternidad, del cielo.
Esta es la obra de Dios: “que crean en aquel a quien Él envió”.
Se habla del maná que dio Moisés, y ese pan que recibieron no los salvó; el que da el pan es el Padre a través de Jesús. “El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo”. De nuevo, Jesús viene del cielo y es el pan de Dios que da vida al mundo.
Ver 38:
“He bajado del cielo no para hacer mi voluntad sino la del que me envió”. El propósito de Jesús no es en relación al hombre sino en relación a su Padre. Vino a cumplir una misión de su Padre, que es que no pierda nada de lo que Él le ha dado y que lo resucite en el día final.
Hay una oración muy linda que Jesús le hace al Padre donde le dice: Padre, he traído tu gloria a la tierra y he terminado la obra que me pediste.
Cuando Jesús tenía 12 años se perdió; María lo buscaba y lo encontró en una sinagoga estudiando. Lo regañó y Él respondió: he venido a atender los asuntos de mi Padre.
Entonces Jesús viene del cielo y vino a completar la tarea que le puso el Padre (salvar al hombre del pecado). Ahora la pregunta es: ¿qué tiene que ver todo eso conmigo? ¿Con nosotros?
Primero, Dios es sagrado, es eterno, es poderoso, etc. O sea, Dios no necesita del hombre. Entonces, si nos trasladamos a la época de Jesús y le preguntamos: ¿qué hace aquí, colgado en esa cruz?
Dios no puede convivir con el pecado ni puede ignorar que el pecado destruya su obra. Él ve desde el cielo el sufrimiento, el dolor en la tierra, tanta gente perdida en este mundo sin rumbo ni sentido, y manda a su único Hijo a que nos salve, dejando la perfección en la que vive y viniendo a este mundo caótico, rodeado de amigos pecadores que viven en desorden. Él busca primero a los que viven en humildad, y le cuesta más llegar a los que están llenos de orgullo, que creen que lo saben todo, que creen que tienen el control del mundo o que no necesitan de este Dios que los ayude.
La pregunta no es cuánta fe tenemos, sino si la fe que tenemos nos acerca o nos aleja de Dios.
Pero no entendían: ¿cómo el hijo de María y José es pan que viene del cielo?
Jesús es el pan de vida, pues el que coma de Él tendrá vida eterna, sin hambre ni sed. Aquí se refiere a la Palabra, a las Escrituras; ese es el pan de vida, pues el que lee la Biblia permanece en Jesús, y Jesús en el Padre. Jesús vive por el Padre; así el que cree en Jesús vive.
Ver 58:
“Este es el pan que bajó del cielo”. De nuevo, viene de la eternidad.
Trinidad:
Dios Padre inicia, Dios Hijo cumple, y Dios Espíritu Santo aplica. Piénsalo en relación con la salvación: Dios Padre la planea, Dios Hijo la obtiene, y Dios Espíritu Santo la aplica a nuestras vidas. Lo que Dios Padre ha planeado desde la eternidad, en unión con los otros miembros de la Trinidad, es llevado a cabo por el Hijo y aplicado a las vidas por el Espíritu.
From ver 35 to 40: 7 “Yo soy”.
En resumen de la semana pasada, Jesús aparece caminando en el mar de Galilea. La gente que lo fue a buscar lo encuentra, y Jesús les dice: me buscan porque están buscando más alimento que les llene la barriga, pero no están buscando alimento que les llene el espíritu. Todos dedicamos nuestra vida a estar bien de alimento diario, pero gastamos poco tiempo alimentándonos espiritualmente.
Versículo 26: “Ciertamente les aseguro que ustedes me buscan no porque han visto señales sino porque comieron pan hasta llenarse… trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna, la cual dará el Hijo del Hombre”.
Él dijo: “Yo soy el pan de vida”. El pan es algo necesario para vivir en la tierra; si no comemos, morimos. De esa forma, Jesús es el pan de la vida eterna, la vida espiritual. Sin Él también morimos eternamente.
Ahora, vida eterna no es longevidad, no es vivir como ser humano largo tienpo, es que nuestro espiritu nace el dia que entregamos a nuestro Señor Jesus y ese espiritu vivira eternamente.
Nada nos llena ni el dinero, ni nuestro matrimonio, ni nuestro trabajo. El unico pan que nos llena es Jesus, cuando encontramos a Jesus encontramos lo que nos da felicidad y descanzo.
Nos dedicamos toda la infancia y adolescencia a estudiar para poder llegar a la universidad y tener un trabajo. Luego trabajamos duro para tener familia, casa, carro y continuar con esa sed de más y más… pero todo eso es temporal; no nos asegura la vida eterna. ¿Creemos en la vida eterna? Está escrito aquí varias veces… Versículo 39: “Es la voluntad del que me envió que yo no pierda nada de lo que me ha dado y lo resucite en el día final”. Ver 40: “La voluntad del Padre es que todo el que crea en Él tenga vida eterna”. Ver 47: “Ciertamente les aseguro, el que cree tiene vida eterna”. Juan 3:16, etc… hay vida eterna. La vida física termina, pero la espiritual es perpetua.
Cuando Adán y Eva fueron creados era para vivir eternamente, pero al pecar fueron castigados con la muerte física y espiritual. Jesús nos salva de esta muerte eterna y nos da la vida espiritual. Nacemos vivos físicamente pero muertos espiritualmente. Cuando recibimos a Cristo como Salvador, Él nos trae la luz y nos alimenta con el pan de la vida eterna. Cuando esto pasa puede que no sintamos nada inmediatamente, pero en realidad es un nuevo nacimiento en el corazón (Juan 3:6-7), y después de esto quedamos libres del temor de la muerte física, pues tenemos la promesa de Dios de que nunca moriremos espiritualmente (1 Tesalonicenses 5:9-10).
Entonces cuando Jesús les dice que están enfocados en el alimento que les llena la panza y no en el alimento que les da vida eterna, es a eso a lo que se refiere.
Leamos entonces del versículo 41 al 51…
Los judíos comienzan a molestarse pues Él habla que bajó del cielo, y no tiene sentido para ellos pues conocen a María y a José. Ellos seguían sin reconocer al Mesías. Hay más de 300 profecías en el Antiguo Testamento (la Torá para los judíos) que hablan de la llegada del Mesías, señales muy claras que Dios preparó para que cuando enviara a su Hijo lo reconocieran. Pero los judíos esperaban una persona muy poderosa que los ayudara contra los romanos, alguien como un guerrero, un nuevo rey de Judá. Sin embargo, la clase de Rey que es Jesús vino a salvar al pueblo no de los romanos, sino del pecado contra Dios y darles salvación eterna.
Versículo 44: “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió, y yo lo resucitaré en el día final” (esto se repite aquí varias veces). Versículo 48: “Yo soy el pan de vida; los antepasados de ustedes comieron maná en el desierto y sin embargo murieron”. Ese pan cumplía el propósito de ese tiempo, que era alimentar al pueblo de Israel en el desierto, pero ahora la necesidad es el alimento que nos dará vida, no en la tierra sino en la eternidad.
Versículo 50: “Yo soy el pan vivo que bajó del cielo”. De nuevo, Jesús no vino de la tierra; Él bajó del cielo, vino de la eternidad. Está claro que Jesús no vino de la tierra; Él viene de la eternidad, del cielo, o sea ya existía antes de que su madre terrenal existiera. “Este pan es mi carne que daré para que el mundo viva”.
La metáfora del pan es muy buena, pues todos necesitamos comer para estar satisfechos y no morir de hambre. Espiritualmente es igual, pero ese pan hay que comerlo; no podemos simplemente observarlo o tocarlo… hay que asimilarlo. Es ahí que vivimos.
Leamos versículos 52 al 59…
Pregunta: ¿a qué creen que se refiere Jesús al hablar de comer su carne y beber su sangre?
Cuando leemos la Biblia hay que hacerlo de forma especial: 1.- trasladarnos al momento en que fue escrito, pues para entender lo que se habla tenemos que ver el punto de vista del que está escribiendo. 2.- debemos traer esos escritos a nuestro tiempo y ver cómo aplican a nuestra sociedad, y 3.- entender cómo las Escrituras se aplican en nuestra vida (este último es importante hacerlo con intimidad y dejar que el Espíritu Santo hable, no solo lo que yo pueda explicar, sino también lo que cada uno perciba en su corazón).
Pero es claro que la Biblia no siempre se puede leer literalmente. Jesús hablaba en parábolas, y ¿para qué? Porque no todos estaban preparados para entender. Marcos 4:11-12.
Beber sangre en esa época era totalmente inaceptable, pues en los sacrificios era muy importante que la sangre se derramara en el suelo; solo cuando no había sangre en el animal la gente lo podía comer.
No se refiere aquí al sacramento de la comunión. Aquí hay una palabra muy clave que dice comer mi “carne”, y cuando se refiere al sacramento es comer mi “cuerpo”. Está haciendo referencia al sacrificio del cordero, que en este caso es Jesús, el Cordero de Dios. En el pasado los pecados se perdonaban sacrificando un cordero (Levítico capítulo 16, versículos 15-16), pero nunca bebiendo su sangre (capítulo 17, versículo 12). Dios estaba preparando la venida del Mesías (Jesús), quien se convierte en el Cordero y es el último sacrificio por los pecados de la humanidad.
Entonces comer del pan es arrepentirnos de nuestros pecados, y beber su sangre es aceptar que es Él quien vino a salvarnos y perdonar todos nuestros pecados para darnos vida eterna. No tiene que ver con la comunión como acto externo. Hay personas que creen que la hostia es literalmente la carne de Jesús y el vino su sangre, interpretando las Escrituras de manera literal. Nadie se salva comiendo una hostia ni yendo todos los domingos a misa; la salvación es con arrepentimiento y teniendo a Jesús como mediador. Toda la Biblia habla de Jesús, el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es la única forma de salvarnos, no simplemente haciendo comunión. La comunión fue para recordar lo que Jesús hizo por nosotros, pero no es el acto en sí lo que salva, sino el arrepentimiento. ¿Preguntas?
Versículos 60 al 71.
Muchos de los discípulos abandonaron a Jesús. No quisieron aceptar lo que decía. Jesús es el pan de vida… eso lo entendieron, pero no lo aceptaron.
Termina indicando que uno de los discípulos es un diablo. Habla de Judas Iscariote. ¿Quién era Judas?
El tesorero. Traicionó a Jesús por dinero; prefirió las cosas terrenales a cambio de las espirituales. Vio los mismos milagros que los demás, pero se dejó llevar por la tentación, y es ahí cuando el enemigo entra en nuestras vidas, muy calladamente, para que nos alejemos de Dios con las cosas de la tierra.