David llora mucho por la muerte de su hijo. Joab le reclama por llorar tanto y no agradecer a sus tropas por ponerse en riesgo en la batalla.
David sale a la puerta a recibir a sus tropas.
David regresa a Jerusalén. Los israelitas lo reciben de nuevo como rey, y David cuestiona a los de Judá por no estar ahí recibiéndolo como rey, si esa es su tribu y la primera que lo ungió como rey.
Le dice a Amasa que él va a ser su comandante de sus fuerzas para siempre, en vez de Joab… (Amasa era el general del ejército de Absalón; el papá de Amasa se casó con Abigail, hermana de Sarvia, que es la madre de Joab). ¡O sea, primos hermanos!
El rey se ganó a todos los de Judá, pero algunos de Israel no lo salieron a recibir, pues estaban siguiendo a Absalón, y ahora que está muerto, ¿vuelven a David?
Aquí también los de Benjamín, y el que le estaba tirando piedras, salen a recibirlo y a pedir perdón; David lo perdona, así que sus generales (Abisai, hijo de Sarvia, o sea, hermano de Joab) le ofrecen matarlo de nuevo. David le perdona.
Sale también Mefiboset y le explica que no dejaron un burro para que él siguiera a David, y él le devuelve la mitad de lo que le dio a su criado que mintió. Pero Mefiboset no le pide sus riquezas; él solamente quiere ver volver a David, no le interesa su dinero, aunque le da la mitad.
Hay un alegato entre los de Israel y los de Judá por el rey, sobre quién lo merece más… En fin, el reino de David está débil, no está sólido; la gente sigue enfrentándose y no se ve nada bien…
David retorna solamente después de esperar que lo acepten de regreso; él no viene de una forma dictatorial, podría hacerlo, pero espera a que lo salgan a recibir al paso del río Jordán… “then” el rey volvió a Jerusalén…
Como nos puede pasar a nosotros, que nos alejamos de Dios, nos enfocamos en nuestros “Absalones” = nuestro trabajo, nuestras cosas, y no dejamos que Dios esté en nuestras vidas como prioridad… ¿Esperamos que nuestro “Absalón” se muera para nosotros dejar entrar a Dios en nuestras vidas de vuelta? No es solamente adorar a otros dioses, sino alejarnos de nuestro Rey o no abrirle la puerta. David no regresó a la fuerza; esperó que la gente lo recibiera.