Estamos en el capítulo 11 de 21 en total. A partir del 12 al 21 es solo sobre la última semana del ministerio de Jesús, que vivió 33 años y tuvo un ministerio de 3. Los otros tres que escribieron los evangelios hicieron lo mismo. O sea, el foco de esto está en su muerte y resurrección.
Velorios y entierros, de niño me daban miedo… pensar que había un muerto ahí en medio de todos. Es algo traumático para los que quedan… es de mucho dolor, es el castigo que nos dio Dios por el pecado de Adán y Eva… todos vamos a morir, todos vamos a sufrir la muerte de los que amamos, y los demás sufrirán nuestra muerte… nos cuesta pensar en eso, pero a todos nos va a ocurrir, independiente de qué tan felices seamos, ricos o pobres, creyentes o no creyentes, musulmanes, judíos, hindúes; a todos nos va a doler. Toda la historia de la humanidad ha tenido que ver con este dolor. Creer en Cristo es creer que no morimos, sino que pasamos a una vida mejor, la cual es su promesa, y las promesas que conocemos todas han sido cumplidas. El Antiguo y Nuevo Testamento muestran muchas de ellas.
Yo experimenté muchos tipos de entierros, desde indígenas en Oklahoma que velan por tres días, judíos que ellos mismos echan tierra, etc.
En este capítulo se resucita a Lázaro (hombre ayudado por Dios) de la ciudad de Betania, que queda en la falda del monte de los Olivos. Capítulo clave que demuestra la resurrección de todos nosotros. Es ahí, en este monte, que van a comenzar las resurrecciones según XXXX.
Vamos a leer del 1 al 3.
Jesús nunca se quedaba a dormir en Jerusalén, siempre dormía afuera, en el monte de los Olivos, en Betania (bet: casa de; ania: afligidos o muy pobres), en la casa de estos amigos: María, Marta y Lázaro. Tenía otra casa en Cafarnaúm (casa de Pedro) y otra donde su mamá en Nazaret.
Se habla del perfume costoso que María derramó en sus pies. Se dice que fue un perfume muy caro que María usó como forma de ungirlo antes de su sacrificio; era como llevarle flores de muerto antes de morir. Fue la única que sintió que esto estaba pasando. El perfume demuestra nombramiento de Rey; a los reyes se les ungía. Limpiar los pies de Jesús muestra humildad ante Él, y secarlos con su cabello es la máxima expresión de humildad, pues el cabello de las mujeres era algo de mucho orgullo.
Versículo 3 dice: Señor, tu “querido” amigo está enfermo. Noten dos cosas: la intimidad que tenían con Jesús. No tienen que decirle su nombre, sino solamente: aquel que tú quieres. Otras traducciones dicen: aquel que tú “amas”. No se dice aquel que te quiere mucho, sino aquel que tú quieres; o sea, aquí la razón de esto es que era aquel a quien Jesús quería, no al revés. Muchas veces nosotros pedimos cosas a Dios y mostramos que nosotros lo queremos mucho, pero lo clave es que, debido a que Él nos quiere, le pedimos algo. No podemos pensar que debido a que yo rezo tanto, o voy a misa tanto, o soy bueno con todos, entonces por eso te pido algo. Si no, María hubiera podido decir: mira que siempre te damos dormida, te damos de comer sin cobrarte nada, etc., así que ven a salvar a mi hermano. Es porque Dios nos quiere mucho que pedimos, no por lo que hacemos.
Pensar que las personas que Dios ama no se enferman es errado, es una doctrina falsa. “La lluvia cae sobre todos”. A todos les dan males y todos mueren de su última enfermedad. Así que sean seguidores de Cristo.
Este llamado a Jesús expresa humildad, pues no le piden venir; expresa intimidad y muestra dependencia, pues dependen de Jesús en las situaciones difíciles.
Versículos 4 al 7, leamos.
Similar al milagro del ciego, lo que Jesús pretende no es solo que la persona vea, sino que la gloria de Dios sea vista, al igual que la gloria de su Hijo.
Jesús no salió inmediatamente a verlo… ¿por qué no fue inmediatamente? Porque lo amaba mucho… Cuando pedimos algo a Dios y no acontece, es porque Dios nos ama; Él tiene su velocidad de respuesta, como si es para demostrar la gracia de Dios. Jesús va siempre a su velocidad. Bodas de Caná. Cuando iban a Jerusalén, no fue; fue después.
María y Marta se van a poner bravas, sobre todo Marta. Mucho ojo: muchas personas, y yo también, interpretamos el amor de Dios hacia nosotros de acuerdo a nuestras circunstancias, en vez de entender nuestras circunstancias como resultado del amor de Dios hacia nosotros. Es esto lo que le pasa a Marta. Decimos: Dios me da la espalda por esto que nos pasa, en vez de pensar que esto te pasa por el amor de Dios que te quiere salvar. La gente se acerca a Dios, deja lo material y se entrega a Él. Por eso se salvan; si no fuera por su enfermedad, nunca lo hubieran hecho… y es así que se salvan para la vida eterna.
Las hermanas de Lázaro querían una resucitación, pero Jesús quería darle una resurrección a Lázaro. Una resucitación es no dejar que muriera, pero una resurrección es volver de la muerte.
No importa qué tan demorada sea la respuesta de Dios; Él nunca se olvida de los que creen en Él, y su plan tiene un propósito más importante que el nuestro.
1 Juan 1:5…
Leamos versículos 8 al 10.
Yo estoy seguro de que cada persona tiene un propósito aquí en la tierra; no vinimos a comer, engordar, vivir, pasarla bien o mal y morir. La creación es mucho más grande que esto… cada uno tiene un propósito y no vamos a morir hasta que lo logremos; Dios no nos deja morir sino hasta que cumplamos lo que Él nos ha puesto como tarea. Y una vez logrado, nos lleva a vivir con Él en el cielo, sin enfermedades, sin llanto, sin sufrimiento; todo es felicidad y belleza. ¡Qué horrible es morirse, no? El hombre tiene estas 12 horas de luz del día para hacer su propósito, y esa felicidad de encontrar nuestro propósito trae una alegría inmensa. Y no es irnos de pastor, sino ayudar a alguien, acercar a otros a Dios, ser un ejemplo a otros, etc. Hay que encontrar nuestro propósito; no es venir al mundo a hacer algo que no deja huella en el cielo.
Leamos del 11 al 16.
Cuando Jesús dice que Lázaro está muerto, no se refiere a que está realmente muerto, sino dormido espiritualmente.
Interesante que dice: está muerto y me alegro. Claro, Él va a hacer algo que va a quedar en la historia del mundo.
El apóstol Tomás, muy entregado, dice: si Él se alegra de morir, pues vamos todos allá y muramos. Sobre todo si él era el más parecido.
Leamos 17 al 22.
El cuerpo de Lázaro ya llevaba 4 días… o sea, estaba muy muerto, bastante muerto. Los otros que Jesús despertó acababan de morir, la niña del rabino de la sinagoga y otros que acababan de morir, pero este estaba muy muerto.
En esa época se creía que el alma daba vueltas al cuerpo muerto por 3 días. Después de eso no había posibilidad de retorno para los judíos.
Marta dice: si hubieras venido antes, estaría vivo. Hay algo de fe en Jesús, pues ella tiene fe en que Jesús lo hubiera podido sanar antes de morir; eso es fe. María está molesta. Cuando alguien muere hay 4 estados: negación, ira, aceptación, aceptación.
Leamos 23 al 28.
Aquí vemos nuestro quinto “Yo Soy”: la resurrección y la vida; aquel que crea en mí no morirá jamás. Esto de nuevo es decir: Yo Soy Dios. Es una afirmación de nuevo. A los que no creen que Jesús es Dios: se hace llamar Hijo mientras está en la tierra para darnos ejemplo de que todos somos hijos de Dios. Le pregunta a Marta si ella cree. Hoy día muchos no creen en la resurrección; sin esto no hay nada que mirar, pues no hay vida después de esta. ¿Ustedes creen? Mamá, ¿tú crees en la resurrección? Papá, Kike, Pilar, Patricia.
El día en que yo muera, no vayan a decir que morí, pues Dios dice que los que creen en Él nunca morirán. Y yo creo en Jesús. Así que no me voy a morir, me voy a mover a otro estado. Fui transferido, fui promovido. Estoy vivo.
Miren cómo Jesús le pregunta a Marta: “¿Crees en esto?” Dios necesita que nosotros digamos esto, no pensado sino hablado. Romanos…
Leamos 29 al 32.
Miren cómo María dice lo mismo, pero no es igual. Marta estaba brava; yo me imagino su postura, brazos cruzados, en estado de ira. Pero María está tirada a sus pies en forma de adoración; ella siempre fue así. Cuando le echó el perfume a sus pies, estaban como de fiesta… y ahora, en tristeza, igual arrodillada a sus pies.
Cuando estemos en dificultades, ¿cómo adoramos a Dios? ¿Arrodillados ante Dios o lo acusamos con ira por no ayudarnos?
También vemos cómo María se levantó y fue a verlo inmediatamente. Es así como debemos responder a Dios: no esperar, no dejarlo para después. Es inmediatamente. No dejen las cosas de Dios para después: las tareas, la oración, pedir perdón. Háganlo ahora. Uno no sabe cuándo se va a morir, y hay que responder a los llamados inmediatamente, como María.
Versículo 33 nos dice que Jesús está molesto. ¿Por qué?
Está enojado con la muerte. El ser humano no fue diseñado para morir; no fue hecho para esto, fue hecho para vivir eternamente. El pecado es lo que lo mata aquí en la tierra… esa es la molestia de Jesús.
En Génesis dice que Dios hizo todo esto y estaba bien, y le dijo al hombre que no comiera del árbol prohibido, pues iba a morir si lo hacía; y ahí estaban sus amigos queridos sufriendo esta muerte. No olviden que también, parado al frente de esta tumba, al otro lado de la piedra, en pocos días iba a estar Él adentro.
Versículo 35, ¿quién lo lee? Es el versículo más corto en toda la Biblia.
Cuando Jesús llega ya han pasado 4 días. La tradición judía era velar el cuerpo por 30 días. No en ataúd, sino ya enterrado; lo daban pena por 30 días, y los primeros 7 eran de intenso pesar y velación. Por 30 días no se afeitaban, no usaban zapatos como signo de pena. Destrozo de ropa, ponerse cenizas en la cabeza… no se sentaban en asientos, sino en el piso o pequeños butacos. Servían una cena especial con huevo cocido y lentejas. Contrataban profesionales para que lloraran e hicieran bastante bulla.
Había supersticiones: gente que cree que se convierten en ángeles; eso no está escrito. O ir al purgatorio, tampoco está escrito eso.
Jesús lloró… ¿por qué? ¿Creen que lloraba porque Lázaro estaba muerto? No creo; en algunos minutos ya iba a estar vivo. Algunos dicen que Jesús no quería levantar a Lázaro, pues él ya había cumplido su propósito. ¿Se imaginan a Lázaro allá en el cielo con Dios y los ángeles, lleno de felicidad, y tener que regresar? Dicen que la vida de Lázaro luego de su resurrección fue muy vacía y triste.
Él lloraba porque eso hace cada ser querido que se va; a los muertos hay que llorarles, hacerles luto.
Jesús no llora por falta de fe, sino por el pecado que causa la muerte. A veces llorar no muestra falta de fe; es simplemente tristeza.
Versículos 36 y 37: miren cómo lo quería, pues llora. Y cómo, si pudo devolver la vista a un ciego de nacimiento, ¿cómo no pudo impedir que muriera? Siguen refiriéndose al ciego.
Ok, leamos del 38 al 40.
En esa época las familias compraban una tumba normalmente en una roca con una cueva; entrabas y cabían 6 a 8 cuerpos acostados. Los colocaban ahí y los dejaban por un año; recogían los huesos y los ponían en unas cajas en la parte del fondo. Así abrían más espacio para futuros muertos en la familia y quedaban todos juntos. Una roca especial circular, muy pesada, de 2 o 3 toneladas, tapaba la puerta para evitar saqueos y animales.
Marta dice: yo sé que Dios aún te dará todo lo que le pidas, en el versículo 22; pero al pedir que mueva la piedra, ella misma le dice que no lo haga, pues va a oler mal. Ella es como nosotros: creemos, pero no mucho.
Jesús pide abrir la tumba y grita primero una oración a Dios, y luego le grita a Lázaro que se levante y salga.
¿Por qué grita? Para que todos oyeran, para que pusieran atención al milagro que estaba haciendo.
Lo que acontece aquí es una pre-versión de lo que va a pasar cuando levante a todos los muertos en el rapto.
Lo que pasó con Lázaro va a pasar con todos nosotros si estamos muertos.
Revelación capítulo 4.
Al apóstol Tomás, el Mellizo, le decían así porque era el más parecido a Jesús.
Continuamos.
Dios siempre se preocupaba por las personas después de sus milagros.
En el capítulo 11 hablamos de la resurrección del hombre; hizo este milagro para que nosotros creamos que hay vida después de la muerte. 1 Tesalonicenses 4:16. Leámoslo.
Leamos del 44 al 53.
La gente se dividió; en Mateo habla de la división de la familia. Nuestra familia también se divide: unos creen, otros no creen, etc. Jesús vino a traer la unión.
Entonces muchos de los judíos creyeron en Él. Esta gente comenzó a creer en Jesús. Increíble, algunos no creyeron, ni con ese milagro. Muchos dicen que necesitan ver algo para creer. Nosotros en algún momento de nuestras vidas comenzamos a creer en Jesús. De nuevo, no es creer que existió o que es Hijo de Dios; es creer que Él tiene el poder en nuestras vidas, es poder saber que si nos pasa algo es parte de su plan. Lo que pasó con Lázaro era el plan de Dios. En 2 Corintios 5:17 dice claro que somos nuevas criaturas cuando comenzamos a creer en Jesús.
Aquí vemos dos grupos: saduceos (chief priests) y fariseos, que se odiaban los unos a los otros, pero estaban juntos con un objetivo común: el odio a Jesús los unía.
Leímos anteriormente la resurrección de Lázaro; vimos cómo aun Marta dudó de abrir la tumba y cómo Jesús muestra su poder de Dios enfrente de todos los que estaban ahí. Jesús dice: quítenle las vendas y déjenlo ir. De alguna forma, seguro los incrédulos pensarían que era otro, enterrado al lado; pero pide quitar las vendas para que todos vieran que era él. Aun así, muchos creyeron en Jesús; o sea, algunos no creyeron ni con esto ocurriendo en frente de ellos.
Cinco en una familia: 3 contra 2, madres en contra de hijos, maridos en contra de suegros, etc. La división existe aun en las grandes familias. Y se unen alrededor de Jesús. Como familia tenemos opiniones diferentes, pero cuando estamos siguiendo a Jesús, todos estamos de acuerdo y estamos unidos, y eso nos evita divisiones en la familia y amigos.
La preocupación del sanedrín y los sacerdotes era lo que podría pasarles a ellos, siempre poniéndose “adelante del caballo”. Siempre hay que poner a Dios adelante y no a nosotros. ¿Cuál era el impacto para Dios, para Jesús?
Increíble oírlos decir: para salvar a la nación hay que matar a Dios. Espiritualmente es cierto; ellos hicieron eso, pues era una profecía. Pero en sus mentes era en lo terrenal; esto los salvaría de los romanos que los acabarían, y que al final pasó con la demolición de su templo 40 años más tarde, en el año 70.
Mientras unos se preguntaban si iba a venir a la fiesta de la Pascua, los sacerdotes ponían órdenes de que quien lo viera debería reportarlo para su arresto. Y una persona vio una oportunidad gigante para sí mismo en la tierra… esa persona podía entregar a Jesús y ganarse un buen dinero. Este hombre cambió su vida eterna por pensar en tener una mejor vida en la tierra, y al final no tuvo vida ni aquí ni allá… él era… Judas Iscariote. No se salvó eternamente, pues no se arrepintió; simplemente tuvo remordimiento. Y se quitó su vida en la tierra… ni siquiera disfrutó del dinero que ganó. Lo retornó a los sacerdotes, quienes lo usaron para tumbas de los NN que aún se usa, pues era dinero sucio.