Jesús ascendió diciendo que esperaran la promesa. Al día 50 llegó el Espíritu Santo como un fuerte viento, y todos comenzaron a hablar en diferentes idiomas. Pedro da un sermón impresionante que ningún pescador sin conocimiento podría haber dado sin el Espíritu Santo. Tres mil se convierten. Se encuentra a un inválido de nacimiento, y Pedro no le da dinero, pero le dice que camine: primer milagro, y más de ellos se convierten… Aquí llegamos al capítulo 4.
Terminamos el capítulo 3 hablando de que Pedro les habló de los patriarcas, de cómo Dios traería a un profeta (Jesús) que vendría a salvarnos a todos, diciendo que la persona que no oyera a ese profeta sería arraigada del pueblo de Israel. Pedro da otro discurso impresionante que veremos después, cuando convierta a más personas, llegando a 5 mil.
Vamos a leer del 1 al 12.
¿Quiénes son?
Los Saduceos: líderes religioso-políticos ricos, creen en no ángeles, no hay interacción directa de Dios, no creen en resurrección ni vida después de la muerte.
El Sanedrín: asamblea o consejo de sabios con rabinos de Israel que hacían la función de jueces, compuesta por un sumo sacerdote y 70 hombres muy importantes. Interpretaban la ley.
Los Fariseos: también grupo religioso-político, sí creen en la resurrección, la inmortalidad del alma, el cielo, y son lectores de la Palabra.
Estaban molestos, sobre todo los saduceos, por hablar de Jesús y su resurrección. Cada vez que vemos la palabra “resurrección” debemos pensar en el reino de Dios y la vida eterna. Esto entraba en conflicto con sus tradiciones y creencias.
Anás fue sumo sacerdote del Sanedrín, pero fue destituido para darle el puesto a Caifás, su yerno.
En esa época, el sumo sacerdote era para toda la vida, pero con el Imperio Romano lo sacaron; aun así, todo Jerusalén le tenía mucho respeto a Anás. Él quedó encargado de los negocios del templo: la venta de corderos, el cambio de monedas en el templo… Muy bravo con Jesús por lo que hizo al voltear las mesas.
¿Por qué los arrestan? Por enseñar y por sanar.
Este mismo grupo estuvo con Jesús antes de matarlo, y ahora está Pedro. Antes Pedro estaba afuera en la fogata calentándose antes de negar a Jesús, y ahora Pedro, “lleno del Espíritu Santo de nuevo”, está enfrente de ellos, hablando con firmeza sobre Jesús: “¡Aquel que ustedes crucificaron, Dios lo levantó de la muerte!” Volteó la acusación: del nombre de quien hablaban, ahora él los acusa de matar a Jesús sin razón alguna. ¡Increíble el coraje de Pedro al acusarlos al frente de todos y decir que ellos lo mataron y Dios lo resucitó!
Versículo 11 habla de “la piedra que los constructores rechazaron”… Leamos Salmo 118:22.
¿A qué se refieren con esta piedra?
La historia de esta piedra es que unos constructores recibían piedras perfectas para hacer los muros. Un día llegó una piedra con forma diferente y la rechazaron. Luego llegó un arquitecto y vio que faltaba la “piedra angular”. Esta piedra asegura que los dos muros estén firmemente unidos. La piedra que fue rechazada es la que mantiene el templo de pie.
Pregunta para todos:
¿Cuántas personas mueren por día en la Tierra?
153,424… 6,392 por hora… 2 por segundo
29 mil en China
25 mil en India
8 mil en USA
7 mil en Nigeria
4 mil en Brasil
787 en Colombia
345 en Chile
¿Cuántos de los 153 mil se salvan?
21 mil son ateos
50 mil cristianos
32 mil musulmanes
20 mil islámicos
9 mil budistas
21 mil otras religiones
7 mil indígenas
1,500 mormones
700 testigos de Jehová
… etc.
Versículo 12 es probablemente el versículo de mayor importancia en este capítulo. Les dice Pedro: “No hay otro bajo el cielo en el que podamos ser salvos.”
Estadisticas hablan de lo siguiente: esto es en usa:
Ahora les voy a leer de nuevo Hechos 4:12…
Y como este versículo, hay muchos, como cuando leemos en Juan: “Yo soy el camino”.”
18 % dice que la Biblia no es la Palabra de Dios y que es un libro escrito por humanos.
Estas personas se vuelven con mayor autoridad que la Biblia, pues deciden qué está bien y qué no. Por eso definen sus propias doctrinas, como John Smith, que tenía 12 esposas, y al ver que la Biblia le cuestionaba esto, decidió modificarla y creó su propia religión… ¡los mormones!
En fin, no hay nadie bajo el cielo que nos pueda dar salvación.
Es increíble cómo Pedro habla con tal firmeza… totalmente lleno del coraje del Espíritu Santo.
Leamos del 13 al 22.
Impresionados, dice el versículo 13. Sabían que habían estado con Jesús…
¿Cómo se da cuenta de que alguien está con Jesús?
¿Qué características se ven en la persona?
Amor, paciencia, tranquilidad ante los problemas, fe.
Los frutos del Espíritu Santo…
Los fariseos conocían muy bien las Escrituras, pero ¿tenían frutos? ¿De qué nos sirve saber todo acerca de los libros de la Biblia si no mostramos amor, humildad y no caemos en la arrogancia o la soberbia? Tenemos que cerrar la boca y escuchar más a los demás, para controlar nuestros impulsos de soberbia…
Muy impresionados por sanar a este hombre, pero también por lo bien que hablaban de las Escrituras. Siendo ellos unos pescadores de Galilea, se preguntan: “¿Y qué podemos hacer?” (Alguien les debió decir: “¡Crean en Jesús!”)
La creencia de que la gente con alta educación necesariamente tiene la verdad no es correcta. Estos fariseos eran expertos en estudios bíblicos, pero nunca entendieron que el Mesías había llegado. Hoy día pasa mucho: teólogos que estudian mucho y están perdidos en los libros y en los estudios… ¿Qué les falta? La revelación del Espíritu Santo. De nada vale alguien en Harvard teniendo escritos y pruebas antropológicas… la verdad está en las Escrituras y es revelada en la intimidad con Dios.
Los intentan intimidar, pero Pedro y Juan responden que nunca obedecerán a ellos por encima de Dios.
¿Nos pasa que a veces desobedecemos a Dios por la presión de la sociedad?
Los intimidan de nuevo y ellos dicen que van a seguir y tienen que seguir hablando de lo que vieron… y los sueltan.
Miren cómo comenzó el capítulo: yendo a la cárcel, total derrota. Y ahora están siendo soltados. Cuando estamos con el nombre de Dios, siempre ganamos. No es fácil, pero nunca nos derrotan. Hay mucha presión, pero ganamos.
Leamos del versículo 23 al 31.
La gente se alzó en una oración unida: “¡Oh Señor soberano y Creador del cielo y de la tierra!”
Las oraciones unidas son muy poderosas. Dios no necesita ser reconocido, pero es importante que nosotros lo reconozcamos de boca.
Aquí vuelve a hablar del rey David. Salmo ???. Habla de que todos estarán en contra del Mesías. ¿Quiénes estaban en contra del Mesías? Todos: romanos, sacerdotes, líderes, gentiles y también el pueblo de Israel…
En esta oración pesaban fuerzas al hablar de la Palabra, pues lo que enfrentan aun hoy día son ataques de la humanidad: universidades, filósofos, científicos, muchas entidades atacan la Palabra. ¿Y Dios qué hizo cuando ellos pidieron por esto?
Tembló y se llenaron del Espíritu Santo… ¡aun más!
Leamos del final del 32 al 37.
El hecho de tener el Espíritu Santo derramado entre ellos hizo que no les importara la propiedad. No estaban apegados a lo material; sabían que no necesitaban cosas materiales para su salvación. Esto acontece a muchas personas; no es para contarlo al mundo: “Mira cómo doy mis cosas a los pobres.” No, nada de eso. Es simplemente amor en silencio por compartir lo que se tiene. Somos enseñados a que lo material cuesta y que entre más tengamos, mejores somos… pero hay que ver en nuestro corazón.
¿Qué opinan ustedes de dar el diezmo?
Diezmar es un asunto con el que muchos cristianos luchan. En muchas iglesias se pone demasiado énfasis en diezmar. Al mismo tiempo, muchos cristianos rehúsan someterse a las exhortaciones bíblicas acerca de hacer ofrendas al Señor. Diezmar/ofrendar está destinado a ser un gozo y una bendición. Tristemente, a veces no es el caso en la iglesia de hoy.
Diezmar es un concepto del Antiguo Testamento. El diezmo era un requisito de la Ley, en la que los israelitas debían dar el 10 % de las cosechas que cultivaban y del ganado que criaban al tabernáculo/templo (Levítico 27:30; Números 18:26; Deuteronomio 14:24; 2 Crónicas 31:5). En realidad, la Ley del Antiguo Testamento exigía múltiples diezmos: uno para los levitas, otro para el uso del templo y las fiestas, y otro para los pobres de la tierra, lo cual habría elevado el total a alrededor del 23,3 %. Algunos entendían el diezmo del Antiguo Testamento como un método de tributación para cubrir las necesidades de los sacerdotes y levitas en el sistema de sacrificios.
Después de la muerte de Jesucristo, se cumplió la Ley. El Nuevo Testamento en ninguna parte ordena, ni siquiera recomienda, que los cristianos se sometan a un sistema de diezmo legalista. El Nuevo Testamento no designa un porcentaje de los ingresos que una persona debe apartar, sino que solo dice que las ofrendas deben ser “según haya prosperado” (1 Corintios 16:2). Algunos en la iglesia cristiana han tomado la cifra del 10 % del diezmo del Antiguo Testamento y la han aplicado como un “mínimo recomendado” para los cristianos en sus ofrendas.
Aunque no se exige el diezmo al cristiano, el Nuevo Testamento habla de la importancia y los beneficios de dar. Debemos dar según nuestras posibilidades. A veces eso significa dar más del 10 %; otras veces menos. Todo depende de la capacidad del cristiano y de las necesidades del cuerpo de Cristo. Cada cristiano debe orar diligentemente y buscar la sabiduría de Dios sobre el tema de participar en el diezmo y/o cuánto dar (Santiago 1:5). Sobre todo, hay que dar las ofrendas con motivos puros y una actitud de adoración a Dios y de servicio al cuerpo de Cristo.
“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).