Josué y todos los demás acampan al lado del Jordán por 3 días antes de cruzar.
Estos 3 días eran de preparación para lo imposible: oración y mucha fe para poder enfrentar algo que requería un milagro enorme. La generación de incrédulos que salió de Egipto ya había muerto, y esta es una nueva generación.
¿Cómo habrían pasado los dos espías?
El arca de la alianza pasa para ser vista por todos y ella guiará al pueblo desde la distancia; esta distancia es solamente para que todos la puedan ver a lo lejos, pues eran aproximadamente más de 2 millones de personas caminando. Igual, no se podía ver por cualquiera, solo por el sacerdote máximo.
El Señor hará maravillas entre todos. Y el Señor hace que Josué sea el nuevo líder del pueblo, y esto lo confirma al hacer pasar el río Jordán de la misma manera que Moisés cruzó el mar Rojo.
En esa época el Jordán tenía mucha más agua, y la orden de Josué es que lleguen con el arca y se paren adentro del agua, y ahí se detendrá el caudal.
A diferencia del paso por el mar Rojo, aquí ellos tenían que entrar primero y luego se detendría el caudal; o sea, necesitaba un nivel de fe.
Josué hace referencia al Dios viviente, pues los dioses de los que habitaban estas tierras no eran dioses vivos; eran estatuas que no hablaban.
El agua se detuvo y el fondo se secó durante el cruce de las personas. Esto es algo realmente milagroso.
Esta área se llamará el lugar de cruce o Betábara. Es aquí mismo que 1500 años después Juan el Bautista estaría bautizando antes del ministerio de Jesús.
El hecho de que el frente de batalla fuera el arca nos muestra que nuestras batallas se ganan con Dios y no con nuestra propia fuerza.