Leamos del 1 al 8
Es el principio del evangelio o buenas noticias de Jesucristo, el Hijo de Dios. La palabra evangelio significa buenas noticias; Jesús en hebreo es Yeshúa, que significa salvación. ¡Estas son noticias que son buenas, pues hay finalmente claridad en cómo salvarnos!
Hace referencia a Isaías, un libro escrito en el Talmud judío, que era muy leído en la época de Jesús, diciendo que enviaba un mensajero a preparar el camino de llegada del Señor; se refería a la llegada del Mesías o Salvador.
Ese mensajero sería Juan el Bautista, primo de Jesús, hijo de Isabel y Zacarías.
Aparece Juan el Bautista en el desierto predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.
Era común en los judíos hacerse baños de limpieza, llamados bautizos; lo hacían para limpiarse antes del matrimonio o cuando alguien tocaba un muerto. Tiene orígenes en cuando los sacerdotes levitas entraban al templo; se introducían en unas piscinas para limpiarse.
Juan se vestía con piel de camello, era piel muy barata, casi gratis, y comía miel silvestre y langostas; nada fino, moluscos pescados por él, untados de panales de abejas que caían silvestres; o sea, nada interesado en ropa o comida fina, totalmente dependiendo de Dios y enfocado en su propósito espiritual.
Juan dice que él bautiza con agua, pero aquel que viene bautizará con el Espíritu Santo, queriendo decir que ese que viene vendrá a redimirnos o a salvarnos a través del Espíritu Santo.
Leamos del 9 al 13
Jesús es bautizado por Juan en el río Jordán. ¿Por qué? Juan bautizaba para arrepentirse y perdonar pecados… entonces, ¿por qué Jesús se bautiza? Porque el bautizo es un simbolismo de cómo una persona se somete a Dios; es como en el matrimonio, es la demostración pública de amor a mi esposa, y es esto que Jesús está demostrando a Dios: sometimiento y obediencia a su voluntad. Él va a ser obediente a su propósito en la tierra de obedecer al Padre en su crucifixión.
Vemos la Trinidad junta: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Inmediatamente el Espíritu lo llevó al desierto; estuvo tentado por Satanás por 40 días, y él estuvo sin comer ni beber; o sea, no dependió de la carne. Y es así que nos pasa cuando no dependemos de la carne, o sea, del mundo, sino que dependemos solo de Dios: nos volvemos fuertes ante la tentación.
Había fieras, pues sin comer ni beber, los animales podrían querer comérselo, pues se pone débil, pero los ángeles lo protegieron.
Leamos del 14 al 20
Juan fue encarcelado y Jesús fue a Galilea; o sea, el ministerio de Juan el Bautista termina y comienza el de Jesús.
Jesús comienza en el mar de Galilea, y esto es muy importante, pues el profeta Isaías menciona que el Mesías llegará a Galilea (Isaías 9:1), y además también vemos una conexión con el tema de ser pescadores de hombres, pues hay una bendición de Jacob a sus hijos; les dice que sean como peces en la multitud de la tierra, y esto lo conecta con el llamado de estos pescadores.
Simón, Andrés, Jacobo, hijo de Zebedeo y Juan, y todos dejan lo que están haciendo y siguen a Jesús. Los primeros 4 apóstoles son escogidos por Jesús aquí.
Leamos del 21 al 28
Juan el Bautista comienza diciendo: “Arrepiéntanse”… y luego que Jesús fue bautizado, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo y salió una voz de Dios hablando de su Hijo; aquí vemos la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esa es la importancia del bautizo.
Después de esto Jesús dice: “Arrepiéntanse de sus pecados y crean la buena noticia”.
Capítulo 2 (Juan… mover al evangelio de Juan)
Ocurre el primer milagro de Jesús. Es invitado a un matrimonio; la familia que ofrece la fiesta es pobre, se acaba el vino. La madre de Jesús (nunca llamada María aquí) le pide a Jesús que haga un milagro. Jesús le dice que aún no es tiempo… pero ella insiste. Él hace que llenen las vasijas de agua y las convierte en vino… puede ser que se conviertan en vino en el momento en que lo toman… es el agua de la vida, el agua que nos da “joy”.
Aquí se muestran todos los pueblos en los que Jesús se movía: Jerusalén, Galilea, Cafarnaúm.