David manda sus ejércitos a la guerra para tomar a Absalón; les pide que no le hagan daño… En esa pelea, Absalón se enreda el cabello en un árbol. Un soldado no lo mata, pues escuchó el pedido de David de no hacerle daño; pero Joab le dice que, como no lo ha matado, va y le entierra tres puñaladas en su corazón, y luego vienen diez guerreros y lo rematan uno por uno.
David hace un duelo muy grande por su hijo, al punto de que olvida a sus tropas. En realidad, él dice que él es el que debió morir. Todas estas muertes: Amnón por pecar igual que su padre, y Absalón por caer en estos pecados contra su padre después de que lo desterró por matar a su hermano… o sea, toda esta culpa es de David; él está pagando por lo que hizo… Todos lamentan y lloran, pues el rey llora. Aquí es inaceptable que justifiquemos a nuestros amigos o familiares que han hecho daño, por simplemente ser nuestros amigos o familiares; debemos reprender a aquellos que hacen daño y no defenderlos, más bien que paguen por sus obras. Agradecer a aquellos que luchan por el plan de Dios o por nosotros.
Joab le regaña a David, y este le hace caso: sale a saludar a sus soldados sin llorar más.