Leamos del 1 al 5
¿Les parece que ya habíamos leído esto? Increíble la similitud con lo que le pasó a su padre Abraham en Génesis 12:10, cuando se fue a Egipto debido a una hambruna.
Isaac hace algo parecido, pero Dios le dice que no se vaya a Egipto. Él obedece y se queda en Gerar. Además de decirle que no vaya a Egipto, Dios le vuelve a revelar las promesas que le había dado a su padre Abraham.
Le dice: “Reside en esta tierra y yo estaré contigo”. Es muy clave lo que Dios nos dice a través de este verso: al ser obedientes a lo que Dios quiere que hagamos, Él promete estar con nosotros, protegernos, darnos sabiduría y cuidarnos.
El verso 4 nos dice algo muy importante:
“Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras. En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra”.
Le dará muchos descendientes, les dará todas estas tierras, y en su simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra; es decir, no solamente el pueblo judío, sino también los gentiles. Así es que nosotros, los gentiles, somos bendecidos. Gracias al pueblo de Israel somos benditos. Entonces, ¿por qué hay tanto antisemitismo en el mundo?
¿Quién está en contra de Dios? El diablo. Él busca dañar el plan de Dios y atacar la descendencia para impedir la bendición.
Es estando cerca de la simiente, amándola y respetándola, que somos bendecidos.
Esta simiente es Israel. Y, por supuesto, de ahí nace Jesús.
Todo esto porque Abraham obedeció todo: órdenes, mandamientos y ordenanzas de Dios.
Leamos del 6 al 11
Isaac hace exactamente lo mismo que hizo su padre. En esa época, los hombres podían matar a otro para quedarse con su mujer.
¿Cuánto tiempo vivió Isaac allí? “Mucho tiempo”. Y Dios le había dicho que se quedara ahí.
Algunos piensan que esto es algo muy malo porque está mintiendo. Sin embargo, veremos que Dios bendice a Isaac de la misma manera que bendijo a su padre: le dio riquezas y prosperidad. El verso 12 lo dice.
En el verso 11 vemos que Dios responde con protección a través de Abimelec.
Leamos del 12 al 25
Verso 13: tres veces se menciona que se enriqueció, se engrandeció y se hizo poderoso. Vemos la bendición evidente de Dios sobre su vida.
Los filisteos —antepasados de pueblos que más adelante habitarían esa región— le cierran los pozos que Abraham había abierto. En esa época, tener un pozo era una gran bendición. Los filisteos no querían las bendiciones de Abraham. Finalmente le dicen a Isaac que se vaya, porque era evidente que su poder era mayor que el de ellos.
Isaac vuelve a abrir los pozos y les pone los mismos nombres que les dio su padre. Pero en el versículo 19 encuentran un pozo de aguas vivas.
¿Qué representa el agua viva? Por un lado, es agua que corre. El agua estancada se pudre, trae malos olores y no se puede beber. Jesús le dijo a la mujer samaritana que Él daría agua viva, y que quien la bebiera no tendría más sed.
Después de encontrar este pozo de agua viva, vemos tres pozos. El número tres muchas veces representa revelación.
Al primero lo llama Esec (Riña). Isaac se aleja y abre un segundo pozo; también pelean por él y lo llama Sitna (Enemistad). La palabra Sitna en hebreo está relacionada con la raíz de “Satanás”, y representa oposición.
Isaac se va de allí y cava un tercer pozo. Esta vez no hay pelea, y lo llama Rehobot (Expansión). Representa ensanchamiento y crecimiento. Algunos lo comparan con la expansión del mensaje de Dios que salió y se extendió por el mundo.
Estos tres pozos muestran que, a pesar de las riñas y la enemistad del enemigo, el reino de Dios triunfa y se expande.
Isaac sube a Beerseba y miren lo que sucede en el verso 24: Dios se le aparece, lo bendice y le recuerda sus promesas. Isaac responde haciendo un altar, que es sinónimo de adoración.
Algunos comentaristas ven en estos tres pozos un paralelo con los tres templos: los dos primeros destruidos por el enemigo y el tercero relacionado con la expansión final del reino.
Leamos del 26 al 35
Abimelec y los filisteos vienen a hacer paz con Isaac y piden un pacto. Isaac acepta, les da de comer y beber, y los despide en paz. Inmediatamente encuentran agua y llaman al lugar Beerseba, “pozo del juramento”.
Esaú se casa. ¿Con quiénes? Con mujeres hititas, familias paganas. Esto trae amargura a Isaac y Rebeca. No solo por casarse con paganas, sino porque no forman parte de la descendencia de la promesa. De alguna manera, Esaú sigue rechazando el propósito de Dios.
Esto será clave para entender el capítulo 27.