Leamos del 1 al 9.
¿Quién recuerda esta historia?
¿Por qué el hombre construyó la torre de Babel?
Uno de los puntos interesantes de este pasaje es que, si realmente descendemos de los tres hijos de Noé, entonces en algún momento la humanidad tuvo un solo idioma. De hecho, el texto comienza diciendo que toda la tierra tenía una sola lengua y unas mismas palabras.
¿Dónde fue construida esta torre? El pueblo se desplazó hacia el oriente y se estableció en la llanura de Sinar.
Es interesante notar el patrón del “oriente” en la Biblia:
Adán y Eva fueron expulsados hacia el oriente del Edén.
Caín se fue a vivir al oriente.
Más adelante, Israel sería llevado al exilio en Babilonia, también al oriente.
El oriente, en varios pasajes, simboliza alejamiento del lugar de la presencia o del propósito original de Dios.
La torre no parece haber sido un sitio de adoración verdadera, sino un intento humano de exaltación. Algunos han sugerido teorías sobre posibles intentos de recuperar conocimiento antiguo o incluso ideas relacionadas con los nefilim, pero el texto bíblico enfatiza algo más claro: el orgullo humano.
En el versículo 4 dicen: “Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre… y hagámonos un nombre”.
Es un proyecto centrado en “nosotros”, sin referencia a Dios. Es autosuficiencia, orgullo colectivo, una forma de idolatría hacia ellos mismos.
¿Con qué propósito? El final del verso 4 lo dice: “para que no seamos esparcidos sobre la faz de toda la tierra”.
Esto es exactamente lo contrario de lo que Dios había mandado: multiplicarse y llenar la tierra. Es un acto claro de rebeldía.
Ellos querían subir hasta el cielo, pero el texto dice que Dios descendió para ver la ciudad y la torre. Es una manera literaria de mostrar que, por más grande que el hombre crea su obra, ante Dios sigue siendo pequeña.
En el verso 7 leemos: “Descendamos y confundamos allí su lengua”.
El uso del plural ha sido interpretado por algunos como una referencia anticipada a la Trinidad; otros lo entienden como un plural deliberativo o majestuoso. En cualquier caso, el resultado es claro: Dios confunde su lenguaje y los dispersa.
Leamos del 10 al 26.
Aquí encontramos una genealogía más detallada de la línea de Sem.
Se menciona que dos años después del diluvio, Sem engendró a Arfaxad a los 100 años. Esta sección repite parte de lo mencionado en el capítulo 10, pero ahora con más detalle cronológico, enfocándose en una línea específica que conducirá a una figura clave: Abram.
Se menciona que Taré fue padre de Abram, Nacor y Harán a los 70 años. En la Biblia, el número 70 a veces se asocia con plenitud o un período significativo. Aquí comienza a acercarse un momento decisivo en el plan de salvación.
Leamos del 27 al 30.
Taré fue padre de Abram, Nacor y Harán.
Harán fue padre de Lot.
Nacieron en Ur de los caldeos.
Abram se casó con Sarai. Nacor se casó con Milca, hija de Harán. Algunos rabinos han sugerido que Sarai podría ser la misma Isca mencionada en el texto, aunque no hay pruebas concluyentes.
Sarai era estéril; no podía tener hijos. Este detalle es muy importante, porque desde el inicio se presenta una imposibilidad humana que Dios más adelante transformará.
Resumen de la descendencia de Sem hasta Abram:
Sem
Arfaxad
Selaj
Heber
Peleg
Reu
Serug
Nacor
Taré
Abram
¿Quién era Abram?
Más adelante será conocido como Abraham y llamado el “padre de la fe”.
Aquí comienza su historia.
Leamos los versos 31 y 32, y luego compárenlos con Hechos de los Apóstoles 7:2–4.
Taré tomó a Abram, a Lot y a Sarai para ir a la tierra de Canaán. Sin embargo, cuando llegaron a Harán, se establecieron allí.
El destino era Canaán, pero se quedaron en Harán hasta que murió Taré.
Algunos señalan que el nombre Harán puede asociarse con la idea de demora. Es interesante observar que Dios tenía un destino claro para Abram, pero hubo una etapa intermedia donde el viaje se detuvo.
A veces Dios nos llama a un propósito específico, pero nos quedamos en el camino, en una etapa intermedia. El llamado sigue vigente, pero requiere obediencia completa para avanzar.
Aquí apenas comienza la historia del hombre que será instrumento clave en el cumplimiento de la promesa dada desde Génesis 3:15.