Dios creó a Adán y Eva y les dio la oportunidad de escoger entre el bien y el mal. La humanidad escogió el mal. Dios permitió que las personas vivieran hasta 900 años y esperó 1,650 años antes de traer el juicio. Eso es paciencia. Finalmente, Dios decidió destruirlo todo, dejando oportunidad solamente a la familia de Noé.
Leamos del 1 al 5.
Dios le dice a Noé: “Entra tú y toda tu familia en el arca”. Esto implica cercanía y protección divina; es Dios quien garantiza la salvación dentro del arca.
En el verso 1 vemos que Dios salva a aquellos que considera justos delante de Él. Pero surge la pregunta: ¿cómo logramos que Dios nos vea justos si somos pecadores como los demás?
Se mencionan animales limpios. ¿Qué eran? Eran animales aptos para el sacrificio y, en muchos casos, domesticables. ¿Por qué siete? El número siete en la Biblia representa plenitud o consagración. Esto apoya la idea de que esos animales serían usados para sacrificios a Dios.
Los demás animales entran de dos en dos, macho y hembra, para preservar la vida. El propósito de Dios siempre es producir vida, no destruirla. En este caso, hay destrucción, pero con el fin de dar paso a una nueva etapa.
Es impresionante ver que los animales obedecen a Dios sin cuestionar, mientras que al ser humano le cuesta tanto obedecer lo que Dios le pide.
Vemos nuevamente el número siete, que simboliza algo apartado para Dios. La repetición del siete indica un propósito claro.
Dios le anuncia a Noé cuándo vendrá la destrucción. Así como avisó a Noé, también advierte a sus creyentes sobre el juicio venidero. En el Apocalipsis encontramos señales que apuntan al juicio final. Dios quiere que Su pueblo esté informado para responder en obediencia.
¿Cuánto tiempo iba a llover? Cuarenta días y cuarenta noches. El número cuarenta en la Biblia suele representar un período de prueba o transición con un propósito divino.
En el verso 4 se dice que Dios destruiría toda criatura con vida debajo de los cielos, sobre la tierra. Algunos teólogos interpretan este pasaje como una indicación de que la vida creada por Dios, en este contexto, está centrada en la tierra.
Lo que ocurrió con Noé no cambió definitivamente la naturaleza pecaminosa del hombre, y Dios lo sabía. Pero esto sirve como lección: aun descendiendo de un hombre justo como Noé, el pecado volvió a dominar a la humanidad. Esto demuestra que necesitamos un Salvador: Jesús.
En el verso 5 vemos que Noé hizo todo lo que Dios le mandó. Todo.
¿Hacemos nosotros todo lo que Dios nos pide?
A veces nos frustramos porque obedecemos y no vemos resultados inmediatos. Noé casi no habla en estos versículos; quien habla es Dios, y Noé simplemente obedece. Así debemos actuar: obedecer, aun cuando no entendamos todo.
Recordemos que Noé construía un barco en un lugar donde nunca habían visto lluvia. Seguramente fue objeto de burlas. Sin embargo, obedeció. Dios no nos pide hacer cosas malas; nos guía hacia lo bueno. En nuestra intimidad escuchamos Su voz. Seamos obedientes.
Leamos del 6 al 24.
La esposa de Noé, sus hijos y sus nueras tuvieron la decisión de entrar al arca o quedarse afuera. Tenían libre albedrío. Es como el evangelio: cada persona puede escoger creer que Jesús salva o rechazarlo. Noé y su familia escogieron la salvación, aunque pareciera algo absurdo ante los ojos del mundo.
Trabajaron 120 años y nadie más creyó. Solo sus hijos y sus esposas entraron. ¡Cuánta paciencia tiene Dios! Él espera que las personas se acerquen a la salvación. A veces tarda años en alcanzarnos, pero Su misericordia permanece.
Hoy en día muchos hablan del amor y la gracia de Dios, pero olvidan Su justicia. El diluvio muestra claramente que el juicio de Dios es real. Su paciencia no elimina Su justicia.
En el verso 9 vemos que los animales entraron de dos en dos ante Noé para entrar en el arca. La creación responde al orden de Dios. Ellos fueron hacia quien Dios designó para salvarlos. De la misma manera, Jesús es quien salva, y debemos acudir a Él.
En el verso 11 se menciona la fecha exacta del inicio del diluvio: año, mes y día. Se abrieron las fuentes del gran abismo y las compuertas de los cielos. Llovió durante cuarenta días y cuarenta noches. Ocho personas estaban en el arca.
¿Quién cerró la puerta? Dios.
Esto es significativo: Dios da la oportunidad de salvación, pero llega un momento en que la puerta se cierra. Después de la muerte, ya no hay oportunidad de cambiar el destino eterno.
En Evangelio de Lucas 16 se narra la historia de Lázaro y el hombre rico, donde se muestra que después del juicio ya no hay posibilidad de regresar y advertir a otros.
Cada persona tiene su tiempo para entrar en el “arca”. Nosotros anunciamos el evangelio, pero es Dios quien finalmente determina el momento en que se cierra la puerta.
El agua cubrió incluso los montes. Noé y su familia fueron levantados por encima de todo juicio. Los demás murieron. No se dice que los hijos de Noé fueran perfectos, sino que respondieron a la provisión de Dios. De igual manera, cuando respondemos a la provisión de Jesucristo, pasamos a formar parte del Reino de Dios.
El arca permaneció sobre las aguas 150 días. Todo esto muestra que Dios tiene control absoluto del juicio y de la salvación.