Josué envía 2 espías secretamente sin decirle esto al pueblo; como estrategia militar, estas cosas no siempre se hacen públicas.
En Números 13 se habla de que Moisés envió 12 espías y esto fue terrible, pues de los 12, solo dos llegaron con planes claros de cómo entrar; los otros 10 solo llegaron hablando cosas que asustaron al pueblo y generaron más dificultades para este propósito de Dios.
Rajab era una prostituta. Su casa quedaba en una de las paredes del muro de Jericó; algunas de estas casas tenían ventanas y quedaba más fácil el acceso.
Los nombres de estos dos espías no son enunciados; leyendas no bíblicas dicen que podrían ser Caleb y Eliezer, el sacerdote.
Tampoco se da ningún reporte de este espionaje, ni se dice que esta información fue usada para lograr entrar a la tierra prometida.
El hecho de que los espías durmieron en la casa de una prostituta, Rajab, no implica que tuvieran relaciones sexuales. En muchos relatos bíblicos se hablan temas similares y en ningún caso resulta en estar implicado con la persona que habita en estos lugares.
De alguna manera los líderes de Jericó asumen que estos espías estaban en la casa de Rajab.
Rajab dice una mentira para esconder a los espías de Israel; la Biblia simplemente reporta la mentira de Rajab, no la condena ni la excusa. Cualquier camino que Rajab tomara estaba mal ante Dios; ella escogió el menos peor y se pasó al bando del pueblo de Dios.
De alguna manera Rajab ya sabía que Dios les había prometido esta tierra al pueblo de Israel. Parece que Dios ya había hablado con Rajab y planeó este encuentro entre los espías y Rajab.
Es increíble cómo Dios usa personas que no son creyentes y les pone propósito en la vida de los demás. Hoy día muchos musulmanes tienen encuentros con Jesús en sus sueños.
Rajab aparentemente conoce muy bien las historias del pueblo de Israel, como la apertura del mar Rojo y las guerras ganadas. Probablemente este lugar de prostitución, donde viajeros pasaban, traía estas historias.
Rajab pide a estos espías que, pasara lo que pasara, le prometieran salvación a ella y a su familia. Y así pasaron a ser parte del pueblo de Dios.
Rajab se casó con Salmón, uno de la tribu de Judá; tuvo un hijo llamado Booz, que se casó con una moabita llamada Rut, y de ahí vino el rey David.